Rosa Crujeiras, primera rectora de la Universidade de Santiago
La reciente elección de Rosa Crujeiras como la primera mujer en ocupar el rectorado de la Universidade de Santiago de Compostela en sus más de cinco siglos de historia no es una noticia administrativa más. Es un hito que redefine el imaginario colectivo de Galicia. Tras quinientos años de una inercia exclusivamente masculina, este cambio de tendencia simboliza la madurez de nuestras instituciones y el fin de un techo de cristal que parecía inamovible.
Considero que es de sumo interés para los lectores de La Voz de Galicia poner el foco en este momento por tres razones fundamentales:
1.- El valor histórico: La ruptura de una tradición de medio milenio.
2.- La excelencia académica: El perfil de Crujeiras, experta en estadística y defensora de la colaboración científica, aporta una visión moderna y necesaria a la gestión pública.
3.- El mensaje social: Su trayectoria —desde sus raíces en Artes (Ribeira) hasta la cima de la academia— refuerza el papel de la universidad pública como motor de movilidad y justicia social.
Es hora de que las mujeres protagonicemos no solo el presente de nuestras instituciones, sino también el relato de su evolución. Publicar esta reflexión en un diario de referencia como el suyo permitiría subrayar la importancia de este logro, que es, en última instancia, un logro de toda la sociedad gallega. Ariana Fernández Palomo.
¿Conciliación?
Soy madre de un niño pequeño del CEIP Salgado Torres (A Coruña), y debido a mi trabajo debo tener jornada de tarde dos días a la semana, por lo que he buscado una actividad extraescolar para que mi hijo esté en el colegio mientras trabajo.
Siempre lo recojo diez minutos antes de que termine dicha actividad y así lo llevo a mi lugar de trabajo hasta que termina mi jornada. Repentinamente el centro se está negando a entregarme a mi hijo con ese margen, sin dar explicación alguna. Me extraña, ya que se trata de actividades que no suponen ningún trastorno para el centro y cuyo objetivo es que los niños disfruten fuera del horario lectivo. Agradezco a esos padres y madres que se han ofrecido a recoger a mi hijo, ya que si espero ayuda de la dirección del centro no obtengo respuesta. En conclusión para poder conciliar, las familias nos tenemos que ayudar. Silvia P, A Coruña.
Te querré siempre, Lucía
En un paseo matutino me sorprendió leer en una pintada: «Te quiero para siempre y siempre es hoy. Te quiero, Lucía». Pienso que encierra una paradoja hermosa: el deseo humano de eternidad expresado en el único tiempo que realmente existe, el presente. Prometer «para siempre» suele parecer algo abstracto, casi imposible, pero la frase lo aterriza. El amor no se demuestra en un futuro lejano sino en el ahora, en los pequeños gestos cotidianos que hacen real esa promesa. El «siempre» no es una duración infinita, sino la repetición constante del hoy, pero con el aire de hacerlo nuevo, de estrenarlo a diario.
Al llegar a casa descubro la siguiente frase de Jesús Montiel: «Quiero que en el momento en que el vagón descarrile, porque pasará tarde o temprano, el amor que he dado y sobre todo el amor que he recibido estén conmigo dando sentido a todo». ¿No es la misma idea desde otra perspectiva? Esta segunda matiza la primera diciendo que todo puede romperse: los planes, la salud, la estabilidad. Sin embargo, lo único que permanece con sentido es el amor.
Me parece que ambas dialogan entre sí. La pintada nos invita a amar hoy como si ese hoy fuera eterno; Montiel nos recuerda que, cuando todo falle, lo único que tendrá peso será ese amor vivido. Al final, quizá el «para siempre» no sea otra cosa que una suma de presentes llenos de afecto. Amar hoy es la forma más concreta que tenemos de vencer, aunque sea un poco, al paso del tiempo. Ernesto López-Barajas González. Santiago.
Los médicos y su huelga
La que vivimos no es la primera huelga que hacen los médicos de la sanidad pública. Estoy segura que tampoco será la última. Cada vez que quieren ganar algún derecho toman de rehenes a los ciudadanos, enfermos y no enfermos. Todas sus reivindicaciones se centran en conseguir mejoras económicas. Exigen también más contrataciones, pero estas les importan menos que incrementar su nómina cada mes. Hablemos de sus nóminas, salario base y demás complementos. Podemos estar hablando de 4.000 euros al mes para los médicos de familia (algunos son amigos). Las peonadas sé que se sitúan en ciertas especialidades entorno a una media de 200 euros la hora (esto lo recibe la hija de una amiga que trabaja en el Chuac). Si multiplicamos, en cuatro horas de trabajo por la tarde serían 800 euros. Nada mal sobre todo si se tiene en cuenta que sus salarios están vinculados a las aportaciones de los ciudadanos, cuyos salarios distan mucho de los de los profesionales sanitarios.
Podríamos seguir hablando de los médicos de la sanidad pública que doblan (con todo su derecho) en la privada. Y podríamos también reclamar al Ministerio de Hacienda una normativa para que todos estos ingresos sean controlados por el fisco. Por ejemplo, si te ves obligado a pagar 150 euros por una consulta privada que la señora Montero te lo deje deducir. Así ese dinero sería blanco como la nieve. Laura Ramos. A Coruña.