Del pulso nuclear a la tormenta regional

José Julio Fernández / Anxo Varela PUNTO DE VISTA

OPINIÓN

MABEL R. G.

02 mar 2026 . Actualizado a las 14:46 h.

Occidente, encabezado por Estados Unidos e Israel, considera desde hace décadas inaceptable que Irán alcance capacidad nuclear militar. A lo largo de estos años se han sucedido operaciones de inteligencia, ciberataques e incluso ataques selectivos contra científicos y mandos vinculados al programa nuclear iraní. El objetivo estratégico ha sido una constante: impedir que Teherán se convierta en una potencia nuclear con capacidad de alterar decisivamente el equilibrio regional.

Esta dinámica no puede entenderse únicamente en clave técnica o militar. Existe una lectura geopolítica más amplia en la que Irán se inserta en un eje de cooperación estratégica con Rusia y China, así como en una creciente aproximación al llamado sur global.

La rivalidad no es solo regional, sino que forma parte de la competición sistémica entre el bloque occidental y las potencias revisionistas que buscan reconfigurar el orden internacional surgido tras la guerra fría.

Sea como fuere, los ataques recientes se inscriben, sin duda, en esa prioridad histórica de frenar la nuclearización iraní, pero incorporan un elemento cualitativamente distinto que hasta ahora no se había evidenciado con tanta claridad: la posibilidad de que la presión militar directa debilite de manera irreversible la estructura del régimen iraní y abra la puerta a un cambio político interno que puede verse favorecido por la muerte de Alí Jamenei, aún a expensas de conocer la consecuente respuesta iraní, las directrices del interino Alireza Arafiy y la posterior elección del nuevo Ayatolá.

No es un secreto que desde hace años la sociedad de Irán ha mostrado signos de contestación organizada. Las protestas ciudadanas, especialmente protagonizadas por jóvenes y mujeres, han puesto de relieve la existencia de una oposición laica y reformista que cuestiona la legitimidad del sistema teocrático. Si los ataques externos erosionasen la cohesión de las fuerzas del régimen podría generarse una ventana de oportunidad para que sectores opositores intentaran un relevo en el poder.

Ese escenario, que, sin duda, es utópico, sería de enorme trascendencia geopolítica. Un eventual cambio de régimen en Teherán alteraría profundamente los equilibrios de Oriente Medio y afectaría directamente a la arquitectura estratégica de Rusia y China, que mantienen importantes intereses políticos, energéticos y militares en la estabilidad del actual Gobierno persa. Pues, resulta claro que ambas potencias preferirían una contención del conflicto antes que una transformación imprevisible del sistema político iraní.

Ahora bien, más allá de las consideraciones estratégicas, existe un factor que no debe subestimarse: el elemento religioso. El régimen iraní no se sostiene únicamente sobre estructuras coercitivas o cálculos geopolíticos. Se apoya también en una legitimidad religiosa profunda. El movimiento chií reconoce al líder supremo, el ayatolá, no solo como autoridad política, sino como guía espiritual. Para millones de creyentes, su figura encarna una referencia doctrinal que trasciende la lógica estatal.

Este componente introduce una variable diferencial respecto de otros conflictos contemporáneos. Aunque la oposición civil sea relevante y visible, existe una base sociológica religiosa dispuesta a defender el liderazgo clerical incluso a costa de su vida. Esa dimensión de fidelidad doctrinal convierte cualquier intento de desestabilización en una empresa extraordinariamente compleja.

Al margen de que el régimen iraní sea una amenaza para Europa, este salto hacia una acción militar directa no solo intensifica la confrontación, sino que entierra a corto plazo cualquier posibilidad de solución diplomática. El canal negociador, en el que Omán jugaba un papel relevante, queda, de facto, desactivado en favor de la lógica de la fuerza.

Oriente Medio vuelve así a situarse ante una encrucijada donde estrategia, poder y fe se entrelazan de forma inseparable al albur de la doctrina Donroe estadounidense.