«La crítica se responde cada vez menos con argumentos y más con ataques personales»

OPINIÓN

Un cantante durante un concierto.
Un cantante durante un concierto. Ricardo Rubio | EUROPAPRESS

27 feb 2026 . Actualizado a las 22:12 h.

Redes sociales, rap y discurso público

Esta carta aborda un fenómeno observable no solo en Alemania, sino también en Estados Unidos, el Reino Unido y Francia: el progresivo deterioro del lenguaje en la cultura rap contemporánea y en las redes sociales. Mi intención no es condenar un género musical en su conjunto, sino plantear la responsabilidad de las personalidades públicas en el tono del discurso colectivo.

Mis reflexiones surgieron a raíz de un incidente en Instagram. El influencer alemán Karl Ess publicó un vídeo en el que es insultado de forma agresiva por el rapero Manuellsen, aparentemente en respuesta a una crítica sobre su manera de expresarse en un contexto profesional. Más allá del caso concreto, la reacción refleja un problema más amplio: la crítica se responde cada vez menos con argumentos y más con ataques personales.

En el rap alemán se observa desde hace años una tendencia hacia la provocación y la exageración lingüística. Artistas como Farid Bang y Haftbefehl emplean con frecuencia un lenguaje agresivo que alcanza a millones de jóvenes. Este fenómeno está vinculado a la economía de la atención: la transgresión genera visibilidad, clics y beneficios, mientras los algoritmos de las redes sociales refuerzan esta dinámica.

La provocación puede ser un recurso artístico legítimo. Sin embargo, cuando la degradación del lenguaje se convierte en un modelo de negocio, resulta necesario un debate serio sobre sus consecuencias culturales. El lenguaje moldea el pensamiento, y el pensamiento moldea la acción. Michael Ayten. Alemania.

Ludopatía

Llevo años luchando con la ludopatía, esa enfermedad que quita la salud, además de arruinar los bolsillos y la vida de enfermos y sus familiares. Esta enfermedad silenciosa tiene un alto índice de suicidios y muchos cómplices, más o menos hipócritas e insensibles. Llevo más de diez años autoprohibido, lo que me impide jugar online y entrar en salones de juego, casinos y bingos. Pero aún puedo jugar en los bares, donde puedo salir de mi soledad y desolación.

No entiendo que los diferentes gobiernos, y de todos los colores, no hagan nada por controlar con dispositivos de lectura de DNI para evitar que los menores y los autoprohibidos puedan jugar, como sí ocurre en los salones de juego, casinos y otros espacios semejantes. Los camareros y hosteleros no pueden garantizar el control del uso legal de estas máquinas. He visto menores jugando a máquinas de apuestas y a ludópatas perder su vida. X. B. R.

El 23F, el rey emérito y Felipe González

Había mucha gente en este país deseando que los papeles del 23F implicaran al rey emérito y a Felipe González, pero se ha quedado todo en deseos. Lino Mon. Santiago.