Golpe de autoridad de Núñez Feijoo

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo EL DERBI

OPINIÓN

Alberto Núñez Feijoo durante el comité de dirección del Partido Popular.
Alberto Núñez Feijoo durante el comité de dirección del Partido Popular. DAVID MUDARRA - PP | EUROPAPRESS

25 feb 2026 . Actualizado a las 12:27 h.

Parece que Alberto Núñez Feijoo ha dado un giro a su estrategia política con Vox y ha decidido involucrarse directamente en las negociaciones con los de Santiago Abascal para la formación de gobiernos en las diferentes comunidades autónomas. Bien en las que ya se han celebrado elecciones, bien en las que están a punto de celebrarse.

Este golpe de autoridad de Feijoo, que deja desairada a María Guardiola en Extremadura, pretende varias cuestiones. Por un lado, legitimarse como líder del PP cuando en ciertos sectores este liderazgo estaba bajo cuestión. Por otro, uno de los mantras del presidente de los populares, la estabilidad. Pretende hacer un pacto coherente en toda España, en el que se incluyan asuntos como los Presupuestos. Prefiere negociar ahora a cara de perro si es preciso, hacer concesiones a Vox y, una vez alcanzados los acuerdos, dedicarse a la gestión sin estar a la gresca cada día.

Y un tercer punto de cierta importancia: Feijoo quiere ir dotando de normalidad a las negociaciones con Vox. Pretende acostumbrar a la ciudadanía a que el nuevo escenario es este, un futuro Gobierno de coalición de derechas en España. Intentará hacer pactos proporcionales a la representación de cada cual y asume con relativa normalidad que va a tener que sucumbir a algunas políticas impuestas por Abascal.

En principio, Feijoo partiría con la ventaja negociadora de tener muchos más votos que Vox. Pero la realidad nos dice que el partido ultra está haciendo valer sus papeletas como si fuera la formación con mayor representación de todo el espectro político en España. Es obvio que no es así, pero Abascal saca pecho como si estuviera arrasando en las elecciones, cuando no deja de ser la tercera fuerza política del tablero español. Sin ir más lejos, en Extremadura alcanzó 11 diputados, por los 29 que logró Guardiola. En Aragón, la ventaja del PP sobre Vox fue de doce parlamentarios: 26-14.

A partir de ahora, al haber asumido entrar en liza en primera persona, Feijoo tendrá que andar con pies de plomo, porque Pedro Sánchez aprovechará cualquier acuerdo para seguir con su argumentario de que no hay diferencias entre populares y ultras. Pero, por lo menos, parece que ha asumido que no puede ser un mero espectador de las decisiones que pudieran adoptarse en su propio partido a nivel autonómico.

Mientras tanto, en Galicia seguimos en un balneario político, en el que Rueda acaba de celebrar dos años de mandato presumiendo de una estabilidad que es la envidia de toda España. La pregunta es si esto puede durar o si finalmente nuestra comunidad sucumbirá a la ola de la derecha radical que recorre nuestro país. En principio, el presidente de la Xunta parece que lleva bien encaminada la legislatura y no se palpa, a pesar de la agitación del BNG (UPG y CIG), que haya una pulsión de cambio en el ambiente. El mal momento del PSdeG no parece propiciar un escenario de cambio y, de producirse en el 2028 la entrada de Vox en el Parlamento gallego, habría que ver si tendría la llave de San Caetano. Dos años es todo un mundo, y más en estos tiempos de desenfreno político.