Para muchos, esta palabra, therians, se coló este finde en nuestras vidas. ¿Qué son los therians? Había concentraciones de esos sujetos convocadas en los centros de las ciudades de Galicia y del resto de España. Al final casi no aparecieron. Menos mal. Algún medio de comunicación les llamó subcultura y se quedó corto. Los therians, ahora les digo lo que quieren ser, para los que aún no se hayan enterado, son la demostración de que vamos corriendo hacia la extinción. El ser humano va directo hacia la desaparición por la utilización de su capacidad de inteligencia como un trozo de piedra, no como parte del cerebro. Los therians son personas como usted que lee y yo que escribo que prefieren ser animales, no humanos, como un perro, un gato o un cocodrilo. Aquel animal con el que se sienten identificados. Se disfrazan como ellos. Y tratan de actuar como ellos. Caminar a cuatro patas, comer en un plato en el suelo, etcétera. Mete miedo pensar que un día llegas a casa y tu hijo te dice que ha dejado de ser humano, que a partir de ahora es un perro. Y deja de hablar para ladrar. Todo muy lógico. Como vivimos en un mundo amable en el que todo está permitido, en vez de llevarlo inmediatamente a un médico, a un psicólogo o a un psiquiatra, seremos capaces de animarlo a que se junte con otros therians, canarios, sapos o comadrejas, y a que se vayan por ahí de paseo a defender su opción. Hay elecciones que no tienen sentido. Que atentan contra el que las practica y contra los que les rodean. Contra los therians están, por ejemplo, los animalistas. Los odian. Consideran que denigran a sus amados animales, a sus queridas mascotas. El temor de las concentraciones de este finde era que aparecieran therians y que hubiese conflicto y/o agresiones con los animalistas. Como todo lo que se genera en las redes, tuvo más de virtual que de real. Solo hay una punta de iceberg de posibles therians en el planeta, de momento. El resto del inmenso iceberg solo es el daño que hacen los vídeos falsos y las chorradas que se difunden sin credibilidad. Así, los centros de las ciudades se llenaron de chavalada dispuesta a grabar con sus móviles a los therians. No apareció casi ni uno. Alguna tímida cría confundida con unas orejas de disfraz que parecían los restos del reciente entroido. Pero poca broma. Se lio en Barcelona. Apareció un chaval vestido de caballo y lo agredieron. Hubo incidentes, con cinco detenidos. Vamos mal, muy mal como especie. Nos cargaremos el planeta. Y nos cargaremos a nosotros mismos. Lo escrito: no vale todo. La libertad de uno llega hasta donde comienza la de la persona que tienes a tu lado. Querer ser un perro o llevar vida de perro no es normal. Todo fue tan surrealista que algunas concentraciones acabaron con la guinda de un griterío insufrible de chavales que aún no pueden votar, pero que lo harán, chillando como si no hubiese un mañana insultos contra Pedro Sánchez, como pobre asociación mental del apodo con el que algunos tildan al presidente. Ese «perro Sánchez» que él mismo ha utilizado en más de una ocasión con humor, apropiándoselo. Un disparate. Ladran, luego cabalgamos: no era esto.