En el momento en que escribo esta colaboración hay trenes que no pueden circular a causa de las intensas lluvias y otros que están parados por las huelgas. Sin embargo, el tren que circula, con total seguridad, es el de borrascas que entran por el sur o por el oeste de la península ibérica y recorren toda España. Dicen que Grazalema ha recibido más agua de lluvia en un día que Madrid en un año. El tren de borrascas que afecta a Galicia tampoco se queda corto y, entre lluvia y viento fuerte, ha anegado grandes zonas, con desbordamiento de ríos y oleaje de mucha altura.
El tren de borrascas parecía tener combustible para rato y no se veía el final de su copioso recorrido. Las nubes están sufriendo una tremenda distensión de esfínteres y sueltan sin pudor y sin piedad el agua que llevan en sus entrañas. Esa tremenda cantidad de agua se alía con la fuerza de la gravedad, que se encarga de acelerarla ladera abajo, y las calles se convierten en ríos y los ríos en lagos, en una especie de locura hidráulica que parece no tener fin.
Con esta situación surgen los escépticos (cenizos) de siempre, que niegan la veracidad de ese refrán esperanzador gallego: «Nunca choveu que non escampara». Según ellos, todo parece indicar que no va a escampar nunca y tendremos lluvias perennes. Yo estoy seguro que escampará y recuperaremos la vida de siempre, con sol y lluvia intercalándose.