A medio metro de la ceja que intenta despegarse de la cara de hormigón del exministro Ábalos asoma el cuero cabelludo de su exasesor. He aquí lo poco que se ve del hombre que da nombre a un caso que amenaza con llevarse por delante y por detrás el Gobierno Pedro; el hombre que presuntamente llama a los billetes chistorras y lechugas, apodos que uno solo usa si maneja dinero de dudosa procedencia; el hombre que hablaba a las mujeres como si los audios que guardaba en casa fueran de tiempos de Pedro, pero de Pedro Picapiedra. De pronto, en el Tribunal Supremo, tema mascarillas, razón hasta 30 años de cárcel, el hombre hace un tierra trágame con el abrigo, en plan a mí no me saques que quiero seguir disfrutando del anonimato. El hombre al que toda España, salvo alguien que haya estado en coma los dos últimos años, pone jeta, perdón, cara. Koldo García. Más reconocible que Bad Bunny en una convención de reguetoneros. Y ahora le da vergüenza. A buenas horas, chaqueta de forro rojo.