La IA no hará ricos a todos

Susana Quintás
Susana Quintás CONSEJERA INDEPENDIENTE. COAUTORA DE «CÓMO TRANSFORMAR DESDE EL CONSEJO»

OPINIÓN

Angel Colmenares | EFE

18 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En 1848 James Marshall encuentra oro en el molino de John Sutter y se desata la fiebre de California. Más de 300.000 personas de todas las nacionalidades llegaron masivamente atraídos por la perspectiva de riqueza.

Ese descubrimiento impulso? un gran desarrollo. San Francisco pasó de aldea a metrópoli, se construyeron carreteras y ferrocarriles, y la economía estadounidense recibió una inyección de 750.000 kilos de oro entre 1848 y 1855. California se convirtió en una potencia regional.

Hoy vivimos algo parecido con la inteligencia artificial (IA), pero a escala planetaria. Brillo, ruido, peregrinación masiva y la convicción de que basta con acercarse un poco para que la fortuna cambie de manos. Si algo podemos aprender del pasado es que confundir descubrimiento con riqueza es el error más viejo del mundo. El 90 % de los mineros volvieron endeudados tras gastar fortunas en viaje, herramientas y comida inflada.

Los que, de verdad, se hicieron de oro fueron los comerciantes y los proveedores. Samuel Brannan acumuló picos y palas para venderlos a precios exorbitantes y facturaba el equivalente a cinco millones de dólares mensuales. Levi Strauss no descubrió ninguna veta, pero cosió un pantalón resistente… y creó un icono universal.

Con la IA pasa lo mismo, hay ganadores asegurados encuentres tú o no la pepita de oro.

1.- La infraestructura dura (el hierro del ferrocarril y las herramientas), compañías como Nvidia, AMD, los centros de datos, las redes, la fibra ganan porque cualquier proyecto depende de ellos.

2.- Los proveedores de nube (AWS, Azure, Google Cloud) como Wells Fargo que movía la mercancía. Cobran por cada hora de entrenamiento

3- Los grandes modelos y plataformas generalistas (como OpenAI, Anthropic, Google DeepMind, Meta, Hugging Face). Son los tenderos del nuevo Oeste: ofrecen modelos, APIs y repositorios para todo tipo de usuarios. Ganan siempre, porque todos compran en su tienda.

4.- Los expertos en datos (Scale AI, Labelbox, Synthesis). Sin agua no había minería; sin datos no hay IA. Ganan porque la parte más cara es la preparación de los datos.

5.- Los especialistas en MLOps, seguridad y gobernanza. Son los sheriff y notarios del Oeste. Sin ellos no hay garantías legales o técnicas.

6.- Las consultoras (los ingenieros del ferrocarril) que integran IA en sistemas reales como Accenture, Deloitte, IBM y Capgemini.

7.- Las aplicaciones verticales, las vetas reales, pocas, pero muy rentables.

8.- Y sí, el 2 % de los mineros se hicieron ricos. Hoy la pepita no está en el piloto, sino en el cambio estructural que viene después.

 En 1849 un periódico titulaba «California ofrece riquezas que desafían la imaginación más audaz». La IA generativa podría añadir 2,6?4,4 billones de dólares anuales al PIB mundial pero no olvidemos que la IA no es un atajo, es un camino estructural.

El año 2026 puede ser un buen momento para reflexionar, desde las empresas, sobre cómo construir ese sueño… sin repetir los excesos de la conquista del Oeste.