Menos mal que no hay dinero

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Gente el día de Nochebuena en Santiago
Gente el día de Nochebuena en Santiago PACO RODRÍGUEZ

11 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Escucho la frase en un restaurante abarrotado y solo puedo asentir. «Menos mal que no hay dinero». El camarero, agotado, lo oye y añade: «Es así un día sí y otro también». Los atascos de entrada en el centro de las ciudades son épicos. Sobre todo miércoles, jueves, viernes y sábado a media tarde o noche, a la hora de las compras y del ocio. Las zonas comerciales son un reto. La avalancha no falla. Parecemos hormigas a las que les han meado encima. No se trata de ser el Grinch, pero el festival navideño se hace eterno. Ya sé que nos piden que lo veamos con los ojos del niño que fuimos, que pensemos en nuestros hijos. Ya sé que hay que encender esa mirada cálida de los corazones bienintencionados, pero ¿no se nos estará yendo la mano, más allá de las luces sin fin de Vigo?

El maratón empezó realmente en el puente de la Inmaculada. Las tarjetas comenzaron a funcionar hasta el reventón, como si no hubiese un mañana. En realidad, muchos ya tiraron de la pasta aprovechando las rebajas de finales de noviembre del Black Friday y el Cyber Monday o como se llamen. Y la juerga no terminará hasta mañana, lunes, 12 de enero, el día de la salvación. La jornada en la que volveremos al desprendimiento de la rutina, al regreso de la normalidad. Se acabaron los puentes, los turnos, los festivos estirados como ingenieros vacacionales que somos. Este año ha sido especialmente espectacular al coincidir Navidad, Fin de Año y Reyes en medio de la semana. Todo se enlazaba con sus fines de semana respectivos. El agotamiento nervioso alcanzó cotas sin precedentes. Después de la Inmaculada, empezaron los encuentros de amigos y las comidas y cenas de empresas. Unos y otros cada vez se adelantan más. Así estuvimos del 8 de diciembre al 22 de la lotería. El soniquete de los niños de San Ildefonso ya no es el disparo de salida. El estómago y el hígado venían muy trabajados desde la Inmaculada. Entonces empezó el reventón. Navidad, Fin de Año, el esprint de Reyes. Creemos en todo. En Papá Noel y en los Reyes Magos; y en lo que haga falta. El caso es consumir y consumirse. Poner al límite la salud. Nos hacen un análisis y damos positivo en tres mil grasas saturadas distintas. Volvemos al inicio. Se supone que estamos en la ruina, pero a la fiesta y a las compras nunca se les dice que no. Recurrimos al crédito, a lo que haga falta, para no quedarnos atrás. Amigos invisibles. Amigos visibles. Enemigos. Pero estamos en todas. Ahora aún asomaremos a las rebajas. Los que no tienen suficiente que no se preocupen. Como me dice una compañera en el trabajo: «El que no se haya hartado que piense que en nada ya tiene ahí los cocidos». Qué gran manera de que la centrifugadora del estómago no deje de funcionar. Nos habían dicho que la explosión del ocio se explicaba por la reacción a la pandemia. Del encierro a la libertad. Los conciertos, petados. Se celebra todo. A mí, tras este maratón de cinco semanas de diciembre y enero, me parece más vicio que ocio. Creo que la juerga nos viene de serie. Tenemos muy interiorizada lo de tomarnos la penúltima. Por cierto, ¿existe el descanso?