Las estadísticas que todo lo saben, que todo lo analizan, conocen también cómo nos comportamos delante de la tele, cuando teóricamente nadie nos ve. Los recopilatorios de hábitos y costumbres desarrollados en el 2025, como el que publica al cierre del año Barlovento, determinan que más de la mitad del tiempo que hemos dedicado a ver la televisión lo hemos hecho totalmente solos. Algo deben saber los que hacen cálculos, porque a medida que los aparatos crecen en pulgadas, parece menguar el número de espectadores que se sientan simultáneamente frente a ellos, en parte porque en muchos hogares viven cada vez menos personas y, en parte, porque donde convive mucha gente esta tiende a desperdigarse individualmente para refugiarse en la pantalla unipersonal, del mismo modo que se abstrae con un libro.
Las cifras apuntan a que el consumo individual se da sobre todo en la franja diaria, cuando hacer coincidir los horarios es complejo, pero el visionado solitario se consolida como una tendencia creciente en todos los ámbitos. Es menor con la televisión convencional, que aún conserva cierto apego por la sesión familiar, y mayor cuando se trata de distraerse un rato con las plataformas que rompen con la tradición escrupulosa, como YouTube, donde música, tutoriales y creadores de contenido acaparan la atención más privada.