Desde la Revolución Islámica de 1979, los iraníes han salido a la calle a protestar de manera sostenida e intensa contra el régimen de los ayatolás en doce ocasiones. Tuvieron que pasar dos décadas para que se produjera la primera, pero, desde 2009 y contando con la iniciada hace una semana, ya llevamos una decena. Desde el 2019 casi todas han tenido un trasfondo económico, si bien la que se originó el 16 de septiembre del 2022, con el asesinato de la joven kurda Mahsa Amini, catalizó el descontento tanto de las mujeres como de las minorías oprimidas por el Gobierno de Teherán. Todas estas revueltas han sido sofocadas violentamente por las fuerzas de seguridad del régimen, lo que ha permitido su continuidad con una opresión cada vez más radicalizada.
En esta ocasión han sido los comerciantes de los bazares, junto con los estudiantes, los que han salido a la calle a protestar por la devaluación de la moneda y el consecuente encarecimiento de los productos. Teniendo en cuenta que el salario mensual medio de un funcionario iraní es de 1.884.018 riales y el domingo pasado el dólar estadounidense se cotizó por 1,4 millones de riales es evidente la penosa situación de la población. Baste como ejemplo señalar que tan solo una pieza de pan tradicional, el barbari, aumentó su precio en un 50 % en el mes de julio, alcanzando los 46.000 riales, mientras que los lácteos se han encarecido en un 60 %, lo que hace que un litro de leche cueste 230.000 riales, suponiendo un incremento superior al de los últimos cincuenta años. Ambos alimentos son considerados básicos en la cesta de la compra iraní.
El que hayan sido los comerciantes de los bazares y los estudiantes, ambos instrumentales en la puesta en marcha de la Revolución Islámica, los que la han provocado estas protestas puede ser indicador de que el régimen se tambalea. La secular simbiosis entre los mercaderes y la clase religiosa ha supuesto que ambos hayan logrado el derrocamiento de gobiernos, incluido el del Shah, y la imposición de políticas mutuamente beneficiosas. Está por ver si estas protestas tienen solo un objetivo económico o si, por el contrario, buscan la caída delos ayatolás, ya que, por primera vez, entre las consignas se pide el regreso del príncipe heredero ahora en el exilio.