El 5 toca: sobre la conducta supersticiosa

Elisardo Becoña CATEDRÁTICO DE PSICOLOGÍA CLÍNICA EN LA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO

OPINIÓN

BENITO ORDOÑEZ

02 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Ahora que ha pasado el sorteo de Navidad es oportuno hablar de la conducta supersticiosa, la cual no se adecúa ni al sentido común, ni a la probabilidad, ni a la lógica. Pero la mayoría de las personas son supersticiosas. ¿Por qué?

Un ejemplo de superstición puede ser el de la persona que cree que el boleto comprado, de lotería o de otro juego de azar, y que acaba en 5, está segura de que le va a tocar, que va a salir el 5. Lo sabe. No tiene dudas de ello. La conducta supersticiosa se origina por una interpretación equivocada de la relación causa-efecto. Las creencias nos permiten crear nuestra realidad subjetiva y poder manejar la información discordante que recibimos. Para nosotros son verdaderas. Con ellas entendemos el mundo y nos facilitan tomar decisiones.

Se ha hablado de pensamiento mágico frente a científico; ignorancia frente a razón; de la profecía autocumplida; predicción del futuro, etcétera. Lo cierto es que todos queremos saber lo que va a pasar mañana. Ello nos proporciona control y seguridad. Toleramos mal la incertidumbre. De ahí que el pensamiento supersticioso es adaptativo. Nos hace más coherente la existencia. Lo aplicamos no solo al juego, sino a otros muchos aspectos de nuestra vida. De ahí que desarrollamos rituales para atraer la buena suerte, como si tuviésemos algún tipo de control sobre el ambiente y el futuro.

La suerte es un concepto unido a la superstición. Hay personas que consideran que tienen suerte, otras que no. Pero esa valoración subjetiva depende de sus creencias, no de la realidad. Los que creen que tienen suerte lo achacan a un sueño, al uso de amuletos, rezos, rituales, etcétera. Todos queremos, deseamos y algunos precisan adivinar lo que va a ocurrir en el futuro e influir en él, sobre todo si la recompensa es en forma de dinero. Incluso ser más inteligente no implica ser menos supersticioso.

Ansiamos explicar lo que no conocemos, controlar aquello que escapa a nuestro entendimiento racional. Así, ¿cómo lograr que me toque el número terminado en 5 y no en 4? Nos es imposible asumir el azar, la aleatoriedad, la casualidad, el destino. No entendemos que no seamos capaces de controlar lo que hacemos. De ahí que para creer que controlamos esa incertidumbre, el futuro o nuestro deseo se inventan explicaciones, como, por ejemplo, que ese número saldrá porque es el mes de nacimiento de nuestra hija. Creemos que ello nos dará suerte, al menos para ese acontecimiento. O buscaremos otras múltiples explicaciones.

La ciencia no ha sido capaz de sustituir y hacer desaparecer la superstición, ni la veremos desaparecer. La conducta supersticiosa forma parte de nosotros. Se basa en las creencias, y estas en la cultura que hemos aprendido, la cual incluye distintas supersticiones no siempre basadas en la razón o la lógica. De ahí que muchos seguirán creyendo, pensando y estando seguros de que les tocará el numero 5.