Debemos esforzarnos. Todos. Incluso los plumillas que, desde la platea, nos atrevemos a opinar sobre ella. Debemos esforzarnos en recobrar la política. El arte de la política. No podemos seguir así. Este año ha sido, sin Dante, un infierno. Y es preciso decir basta. El «muro» que Pedro Sánchez quiso construir debe, por fin, derribarse. Que no haya paredes entre unos y otros por sus ideas. No es lo deseable para los ciudadanos. La polarización que estamos viviendo, nos fatiga. Y el rey, en su discurso de Nochebuena, así lo ha proclamado. Es una agonía constante. Un cúmulo de noticias que harían caer a cualquier gobierno democrático menos a uno, el nuestro. Los resultados de Extremadura han sido tan didácticos que nuestro presidente debe pensar, y repensar, qué puede hacer. Y lo mejor, sin duda, es convocar elecciones. El que denominan «Gobierno de progreso» ha obtenido resultados catastróficos en Extremadura. Y repetirá en Aragón. No se puede gobernar en contra del sesenta por ciento de la gente que piensa diferente. Esa es la suma de los votos de PP y Vox en Extremadura. No en cualquier lugar, sino en Extremadura, donde Rodríguez Ibarra (PSOE) gobernó durante veinticuatro años y obtuvo mayorías absolutas por encima del cincuenta por ciento. Si en un territorio que era tuyo padeces tal calamidad electoral, debes reflexionar. Y reflexionar no pensando en tu interés personal, sino en el interés de la mayoría. Y la mayoría, por mucho que insista Tezanos, no quiere más gobierno de Sánchez.
La democracia es el triunfo de la opinión. De la gente. La gente, ahora mismo, huye de casi todo lo que abriga a Sánchez. A mí no me agrada especialmente el término sanchismo, pero sí reconozco que el PSOE puede construirse con otros mimbres. Le quedan los devotos, poco más. Ya ni cuela el grito «que viene la ultraderecha». ¿Acaso Vox, que yo combato tal como he escrito cientos de veces, es peor que el paso por la cárcel de los dos hombres que gobernaron el partido de gobierno? ¿Acaso Abascal, al que no votaría ni en sueños, es peor que Cerdán o Ábalos? La respuesta es no. Sin embargo, no quiero hilar esta última columna política del año con estos argumentos. A mí me duelen los socios de Sánchez más que el propio PSOE. Los que han levantado la mano repetidamente apoyándole. ¿No resta un hálito de sentido común? ¿Cómo es posible que los honradísimos nacionalistas vascos puedan continuar con esta afrenta a la democracia? ¿Y el BNG? Sánchez solo ganó en el 2019. El resto de elecciones las ha perdido. Feijoo gana siempre que se presenta a unos comicios. Recobrar la política quiere decir recuperar, sin más, el sentido común. Soy pesimista, y lo lamento. Pero tampoco quiero amargar el fin de año a los lectores. Es probable que mañana mismo el presidente convoque elecciones. Claro que esta columna la he redactado el Día de los Inocentes, domingo. No es detalle menor. Feliz lunes y feliz 2026.