Sánchez: del muro al búnker

Elena García-Guereta PROFESORA DE CIENCIA POLÍTICA EN LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE

OPINIÓN

Javier Cintas | EUROPAPRESS

28 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

El 2025 es el tercer año de una situación sin precedentes en España: no gobierna quien ganó las elecciones, sino una coalición del segundo y el cuarto partido más votados. Pedro Sánchez consiguió ser investido con el apoyo de Sumar, pero también con el de muchos de los partidos territoriales representados en el Congreso, fueran de derechas o de izquierdas, independentistas o regionalistas.

En los sistemas parlamentarios gobierna quien consigue el apoyo de la mayoría del parlamento, por supuesto. Pero son poco comunes alianzas tan heterogéneas. Salvo en situaciones excepcionales, como la actual en España: Sánchez construyó el Gobierno erigiendo un muro, o un dique, frente a la posible llegada de Vox al poder.

Las perspectivas del gobierno anti-Vox nunca fueron muy halagüeñas, pues sus socios nacionalistas lo apoyaron, esencialmente, a cambio de exigencias para sus élites o sus territorios, que generarían agravios y harían de España un país más desigual. Muchas de las demandas de los partidos nacionalistas eran imposibles: el Gobierno no manda en la UE, tampoco en las autonomías y su financiación, ni en las resoluciones judiciales, aunque pueda influir en ellas a través de la Fiscalía, del Consejo General del Poder Judicial o del Tribunal Constitucional.

El Gobierno se ha mantenido en condiciones precarias. Ha gobernado sin molestarse en presentar Presupuestos, de espaldas al Parlamento, sin apenas leyes... En octubre del 2025 Junts anunció el fin de su apoyo parlamentario al Gobierno, aunque el PSOE no se ha dado por enterado.

En el 2025, mantenerse en el poder ha tenido que ser duro. La mujer y el hermano de Sánchez han sido imputados. Los dos secretarios de Organización que puso frente al PSOE han pasado por la cárcel y están acusados de delitos muy graves. Quien iba a controlar el PSOE tras la caída de Cerdán fue acusado de acoso sexual. Seis meses después, la inacción del PSOE ante el caso Salazar desató un me too sin precedentes y un gran malestar interno en el PSOE.

De modo que a la inoperancia y debilidad del Gobierno en el 2025 se ha sumado un torrente de escándalos, casos de corrupción y de acoso que parecía capaz de llevarse por delante al gobierno. Parecía, pero no. Siempre que llueve, escampa, alegan.

El muro que erigió Sánchez frente a la derecha parece haberse tornado un búnker que les mantiene fuera de la realidad. La actuación del PSOE y de Sánchez tras el resultado de las elecciones en Extremadura da mucho que pensar. El PSOE se ha hundido en su feudo más inexpugnable, mientras que la derecha ha logrado el 60 % de los votos. Sánchez ha ignorado el resultado, mientras el PSOE nacional ha destacado el error de la presidenta extremeña al anticipar los comicios.

El fracaso sin paliativos del PSOE en Extremadura no puede esconderse. No desaparece al ignorarlo. Cuando la gente vota, se trata de democracia. Y lo ocurrido en Extremadura indica que el enfado de Yolanda Díaz, la desolación de Ignacio Urquizu o la vergüenza de Rufián están mucho más extendidos de lo que la Moncloa ha podido percibir. O de lo que ha querido escuchar. Y no hay relato que pueda con eso.