El viernes, Feijoo mitineó en La Siberia. Cuando Javier de Burgos delimitó las provincias de España en el 1833, estableció que ningún pueblo podría estar a más de un día de viaje de su capital. Una comarca española no cumplía ni de lejos esa premisa: La Siberia, donde está el pueblo español más alejado de su capital de provincia, Helechosa de los Montes, a 235 kilómetros de Badajoz. Fueron los viajantes de comercio, que recorrían aquellas tierras infinitas en jornadas agotadoras, quienes bautizaron la comarca como La Siberia. A ese apelativo contribuyó la prensa de Madrid e intelectuales molestos como Castelao, a quien el Gobierno de Lerroux no encerró en un penal en Chafarinas, sino algo peor, lo desterró a Badajoz, desde donde el insigne rianxeiro escribió: «Estoy en una vieja ciudad amurallada de la Siberia española».
El pasado septiembre, se cumplieron 90 años del destierro de Castelao en Extremadura y de la llegada a Mérida de José Fernández López, un lucense al que por su labor en Emérita Augusta se ha comparado con su fundador, el emperador Augusto. Para celebrar el aniversario, se acaba de presentar en Extremadura su biografía, escrita por la periodista Marisa Gallero.
Fernández era secretario de la Asociación de Tratantes de Galicia y cuando se enteró de que el matadero de Mérida salía a subasta, lo arrendó y lo convirtió en la primera firma española en elaborar salchichas y hamburguesas con 615 trabajadores. A caballo entre Extremadura y Galicia, fundó Zeltia (1939), Transfesa (1943) y Pescanova (1960), contrató a científicos represaliados por Franco como Cordón o Baynat y, en el 1945, lo nombraron hijo adoptivo de Mérida por haber contribuido al renacimiento de esa región que el domingo celebra elecciones.