Es curioso. Dos Iniestas se han convertido en iconos capaces de aunar a dos o tres generaciones de españoles. No es un apellido común, y aparentemente, ellos tampoco tienen nada en común. A uno no le expulsaron nunca y el otro coleccionaba tarjetas rojas. Y sin embargo… Dos chiquillos de familias humildes que no lo tuvieron fácil. De Fuentealbillos, un lugar del que no se conocía que ningún futbolista hubiera tenido éxito, el futbolista más icónico, la elegancia hecha fútbol. Y de Plasencia, un erial musical de la región más extrema y dura de España, el otro, el que rompió los moldes y bajó poesía al barro, poniendo sensibilidad en el descontrol. De uno, _¡Ay, Iniesta de mi vida!_ mucha gente no sabe que su nombre es Andrés. Del otro _Sueña que sueña con ella_, mucha gente no sabe que se apellidaba Iniesta o que en realidad su nombre es Roberto. Dos personas superdotadas para lo suyo, pero que han ido pagando un peaje por esa excelencia, por esa sensibilidad. Uno, atravesando una depresión al separarse de su familia con tan sólo 12 años para probar fortuna en la Masía y otra tras la muerte de uno de sus mejores amigos _Dani Jarque_ poco antes del Campeonato del Mundo en le que marcó el que probablemente sea el gol más icónico del fútbol español. El otro, viviendo su tormentosa personalidad primero en fases de descontrol y metiéndose en el cuerpo todo lo que pillaba, y después en otras de sequía creativa pseudodepresiva. Ambos, superándolo y asociándose con algún amigo que les permitió ser mejores (y mejorar a su vez a su lado), como Xavi y Messi en el caso de Andrés y de Uoho o Fito en el caso de Robe. Ambos, saliendo a la palestra a anunciar sus problemas y haciéndole un favor a la sociedad para que no se estigmaticen las enfermedades mentales. Ninguno de los dos con un físico espectacular. En realidad, muy poco atractivos según los cánones al uso y sin embargo, bellos. Con la belleza que proporciona esa sensibilidad oculta para convertir lo difícil en fácil: Robe con esa capacidad que tiene tan solo el 0,01% de la gente (como Mozart y Beethoven, por ejemplo) y que se denomina “oído absoluto”, que les permite tocar cualquier tipo de melodía tras escucharla una única vez; y Andrés con la capacidad para leer el movimiento de multitud de jugadores a la vez, de elegir el mejor pase, de orientar el cuerpo de la manera perfecta para lograr empalmar el balón en un chut aparentemente difícil y de hacer ese regate corto -tic,tac, derecha, izquierda- en un palmo de terreno que lo hicieron imprescindible en el mejor Barça y la mejor Selección Española de la historia. Los dos, amantes de su tierra y con proyectos ligados al campo y la naturaleza, fueran de ecoturismo o de viticultura. Los dos, también, aferrados a sus familias, celosos de la privacidad de sus vástagos y con parejas estables. Los dos, emocionando a multitudes, rompiendo moldes. Los dos, poetas en lo suyo y a su manera. Dos Iniestas que parecen casi opuestos, pero no tan diferentes al fin.