Con la bragueta abierta

Sofía Vázquez
Sofía Vázquez ESTADO BETA

OPINIÓN

J.J. Guillén | EFE

11 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Él salió del baño y fue andando hasta su mesa con la bragueta abierta. Ella lo miró y él se cerró la cremallera de su pretina y dijo dos o tres sandeces machistas que retumbaron en la habitación como esas bombas perdidas que siembran un campo de minas abonado.

Aquel otro machirulo, cuyo cargo era jefe de (¡qué más da!), agarró por la espalda a su joven subordinada y, mientras la cogía por el hombro, se le echó encima en un intento de verle el canalillo del pecho desde más cerca. Ella no giró la cabeza por no encontrarse al energúmeno (del que todos en la oficina conocían sus aficiones) todavía más cerca y verse en la obligación de darle un guantazo de esos que hacen historia y que la llevaría a ella a la cola del paro.

Otro tipo, mal encarado, presumía de ser «el jefazo, el puto amo». Era de pocas palabras y de mucho roce. Aprovechaba cualquier momento para acercarse a ellas. Porque no era una, eran todas. Todas le valían.

Curioso que a ninguna de nosotras nos extrañan estos casos cuando salen a la luz. Todas hemos conocido a algún acosador que se siente Adonis y que se envalentona ataviado de su poder. Pero si se mirase al espejo vería a un despojo de hombre porque es simplemente un depredador con cargo. Un mentecato.