Bandas de malvados en el monte

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

Santi M. Amil

20 ago 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

La teoría de las bandas organizadas que incendian el monte gallego está incrustada en el discurso político y en el social porque nos exime a todos de responsabilidades. Si hay una facción de maleantes que, chisqueiro en mano, se dedica a destruir el paraíso perdido, la culpa es solo de ellos y los demás, con los que dirigen la cosa a la cabeza, podemos depositar nuestra frustración en esa «maldad humana» de la que ayer volvió a hablar Alfonso Rueda en la radio. Los hechos, sin embargo, chirrían un poco con la conjetura, pues cuando se indaga en el perfil de los malvados pillados in fraganti lo que aparece es una lista de ancianas, paisanos despistados o irresponsables y algún pobre diablo con las nociones justas, una galería humana poco compatible con el concepto de organización. Claro que sus acciones pueden tener consecuencias puntuales devastadoras, pero también las bombas de palenque que siguen sonando a todas horas por el país o los fuegos artificiales que zumban estas noches, que retumban como el peligro y que nadie se atreve a proscribir.

Se escucha poco a personas como el historiador Lourenzo Fernández, que ayer escribía una vez más en el periódico sobre el asunto para apuntar a un conjunto de causas que arrancaron hace décadas y que confluyen en este terrible agosto del 2025 para despejar una ecuación perfecta de fuego y devastación. Siempre planea una visión urbanita del territorio, del monte y del mundo rural, cargada muchas veces de suficiencia y lugares comunes y salpimentada con el insoportable oportunismo político que unas veces asoma más que otras. Y ante nosotros la certeza de que el futuro ya solo será así, a no ser que nos entre un viento de responsabilidad colectiva que, de momento, ni se cheira.