Gracias, papa Francisco

Fernando García Cadiñanos

OPINIÓN

Fernando García Cadiñanos, obispo de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, saludando al papa Francisco en el Vaticano
Fernando García Cadiñanos, obispo de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol, saludando al papa Francisco en el Vaticano

22 abr 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

La muerte del papa Francisco nos ha sorprendido a todos. Aunque sabíamos de su estado frágil, no pensábamos que el Señor lo iba a llamar tan inminentemente. El domingo lo podíamos ver durante su saludo por la plaza San Pedro y en la bendición Urbi et Orbe. Y, pese a que lo vimos muy frágil, no pensamos que este lunes íbamos a despertarnos con la noticia de su fallecimiento. Su muerte coincide precisamente cuando los cristianos celebramos la fiesta de la Pascua, la fiesta de la Resurrección, que nos permite mirar a la muerte a la cara y descubrirla como un paso, doloroso, hacia el abrazo eterno del Padre. Esta es nuestra esperanza que hoy invocamos.

Hoy especialmente hacemos nuestra esa muletilla con la que siempre despedía sus intervenciones: «No se olviden de rezar por mí». Hoy lo hacemos particularmente para que el Señor le dé el descanso eterno por su mucho trabajo y servicio a favor de la Iglesia y de los más vulnerables de la humanidad. Hasta el último momento…

Desde luego, su pontificado ha sido un regalo de Dios. Como todos los papas, el Señor nos concede en cada momento lo que más necesitamos para guiar, acompañar y orientar a esta barca frágil que es la Iglesia. Nos sentimos afortunados por este servicio eclesial que el Espíritu nos concede. Para mí, este regalo me lo parece por muchas razones, pero señalaré las que el espacio me permite.

En primer lugar, porque me ha ayudado a descubrir el Evangelio en su esencia más profunda: el rostro de un Dios misericordioso que, como el padre de la parábola, sale en la búsqueda de las personas que no están en el hogar para que sientan el abrazo paterno y misericordioso. Y eso lo ha hecho con sus intervenciones, pero muy especialmente con sus gestos, porque el papa nos ha hablado más con los gestos que con las palabras. ¡Toda una lección y camino a seguir! Sin duda, el papa Francisco nos ha hecho más plausible el Evangelio de Jesús como buena noticia para nuestro mundo.

Además, porque el papa ha sido un referente ético y de esperanza en nuestra sociedad. No abundan hoy, por desgracia, los líderes que engendren optimismo ante el futuro de nuestro mundo. Sin embargo, Francisco se ha convertido siempre en una voz a escuchar, acoger y seguir, especialmente en los grandes retos que como sociedad estamos llamados a afrontar. Su sabiduría ha sabido acoger sobre todo los gritos de los más vulnerables y de la casa común en la que habitamos, que clama por una urgente fraternidad.

Junto a ello, el papa ha introducido en la Iglesia grandes claves que nos ayudarán a seguir caminando en la necesaria reforma que permanentemente tenemos que afrontar. Aunque es cierto que la polarización también se ha hecho presente en nuestra comunidad cristiana, empapada de la marca característica de nuestro mundo, el camino de la sinodalidad es una propuesta valiente que nos alienta en la necesaria escucha, participación y misión de todos los bautizados.

Por todo ello, por ser la voz de los más frágiles, por haberte sentido siempre cercano, por tu sentido del humor, por tu sentido común, por tu magisterio… ¡Gracias, Francisco! Hemos perdido hoy un buen padre, un buen pastor. Gracias por tu vida.

Fernando García Cadiñanos es el obispo de la Diócesis de Mondoñedo-Ferrol