Tecnología en los coles: ¿Ponemos puertas al campo?

Nélida Zaitegui de Miguel PUNTO DE VISTA

OPINIÓN

ALBERTO LÓPEZ

Nooo, pero sí una buena valla que señale los límites y lo proteja de agentes peligrosos. Hoy en día no es posible pensar nuestra vida sin tecnología, por eso la escuela tiene que tomar decisiones muy serias al respecto para aprovechar sus potencialidades, que las tiene y muchas, y evitar sus riesgos, que también los tiene. Philippe Meirieu, un gran pedagogo francés, dice que «si algo se tiene que hacer con la educación y la pedagogía es discutirlas», debatir para qué y cómo educamos. Todo lo que se enseña y se aprende tiene como finalidad que todo nuestro alumnado desarrolle las capacidades necesarias para ser buenas personas, ciudadanos y profesionales y, ahora sí, buscar los mejores métodos para llegar a ello.

Una de esas capacidades necesarias es la de entender y utilizar adecuadamente las tecnologías en las que vivimos, que nos conforman y determinan nuestra manera de relacionarnos y de pensar. Por eso no es posible evitarla, como tampoco se trata de usarla sin más, sin pensar en sus pros y sus contras.

Es mucho más fácil prohibir que educar en su uso, pero, ¿qué consecuencias tiene esto? ¿Van a dejar de utilizarlas fuera de la escuela? ¿Alguien les va a enseñar fuera? En la escuela pasan seis horas al día, como mucho, pero justo en esas seis horas es el único espacio donde pueden aprender sobre lo que son y cómo usarlas en su propio provecho.

Un poco de calma, por favor. ¿Cómo podemos conciliar en una escuela las posturas enfrentadas, a veces beligerantes, entre quienes defienden su uso y quienes desean prohibirlo a toda costa y volver solo al lápiz y papel para todo, cuando no son incompatibles, sino complementarios?

Tomar decisiones implica estar bien informados, escuchar razones, argumentos y, sobre todo, sin falsos debates. El tema es mucho más profundo, no se trata de libros digitales o de papel, con todos los intereses que hay detrás, sino de si los libros de texto son el único o el mejor camino para el aprendizaje y el bienestar.

Lo que importa es cómo el alumnado aprende más y está mejor y para ello es esencial que aprenda a vivir tanto con la tecnología como sin ella, pero, sobre todo, con unas relaciones cercanas y cálidas en las que se fundamenta la enseñanza y el aprendizaje, y que nada ni nadie las sustituya.

El debate real no es libros sí o no, si hay que dejar que sean las editoriales (de libros físicos o digitales) quienes tomen decisiones que nos corresponden. Evitar el falso control que puede intuirse en si se termina el libro o no, cuando lo que hay que preguntarse es si esto es lo mejor para el aprendizaje o hay otras maneras mucho más efectivas para lograrlo. No sea como le pasaba a Mafalda cuando su madre le preguntaba de qué quería la sopa, sin tener en cuenta que le había dicho miles de veces que ella no quería sopa.