Jueces en tiempo de valientes

Luis Ortiz Vigil MAGISTRADO Y MIEMBRO DEL COMITÉ NACIONAL DE LA ASOCIACIÓN JUDICIAL FRANCISCO DE VITORIA (AJFV)

OPINIÓN

María Pedreda

09 feb 2024 . Actualizado a las 08:58 h.

En el libro Los valientes están solos (Anagrama, 2023), Roberto Saviano reconstruye la trayectoria del juez italiano Giovanni Falcone, asesinado por la mafia en 1992. Valiente y comprometido, Falcone, su esposa —la también jueza Francesca Morvillo— y tres escoltas pagaron el más alto de los precios, sus propias vidas, por hacer su trabajo de forma honrada y decente.

En España, la lucha contra el terrorismo nos ha enseñado con crudeza que impartir justicia frente a la extorsión y la barbarie también conlleva un elevado coste personal y social. Honradez, decencia, independencia, imparcialidad, compromiso, son parte de las cualidades del buen juez.

Cercano ya el primer cuarto del siglo XXI, un virus silencioso, en apariencia no tan virulento, se ha inoculado en los juzgados de nuestro país. Se llama sobrecarga de trabajo y día tras día está minando hasta el destrozo la salud de quienes solo buscamos cumplir el mandato constitucional de juzgar y hacer ejecutar lo juzgado.

En el 2023, casi la mitad de las jubilaciones de la carrera judicial española fueron voluntarias o anticipadas. Suponen un 47,47 % del total, frente a la ya elevada cifra del 31,4 % del 2022. Es una escalada de jubilaciones jamás vista en nuestra historia. Proyectada al 2031 implica que nada menos que un 33 % de los jueces que actualmente prestan su labor estarán jubilados en apenas siete años.

Necesitamos más jueces, pero actualmente solo se convocan 120 nuevas plazas cada año, cuando deberían ofrecerse no menos de 310.

Necesitamos atención y cuidado a la salud laboral de los jueces, fijar límites reales a nuestra carga de trabajo, porque no se puede mirar para otro lado cuando la tasa de litigiosidad ha crecido casi un 20 % en apenas cinco años.

Necesitamos, en fin, contar con una carrera profesional que permita que ser juez en España no arrastre la salud de quien lo ejerce.

El desafío es mayúsculo, exige altura de miras, responsabilidad y una planificación estratégica que supere las contiendas políticas cortoplacistas.

Resolver los conflictos de la sociedad y hacer que la tutela judicial efectiva sea una realidad constituyen un honor para quien es juez. Pero solo un juez con una carga de trabajo asumible podrá hacer un trabajo de verdadera calidad y ofrecer a la ciudadanía sus mejores servicios desde la independencia judicial.

Queremos no estar solos en la tarea, necesitamos que los valientes no sean héroes y que el abismo de la sobrecarga reiterada en el tiempo no acabe sepultando la justicia.