Asumir la muerte de un ser querido

Pilar Conde DIRECTORA TÉCNICA DE CLÍNICAS ORIGEN

OPINIÓN

María Pedreda

10 dic 2023 . Actualizado a las 11:58 h.

Pasar los primeros días en la intimidad de la familia, organizar un funeral o homenaje con amigos comunes. Cambiar el estilo de vestimenta, ponernos alguna de su prendas o agarrarnos a algo físico que le represente, escuchar la música que le gustaba. Son algunos de los rituales y costumbres con las que empezamos a despedirnos de un ser querido. Los primeros momentos, días, e incluso meses son muy dolorosos y apoyarse en las personas cercanas ayuda a transitarlos.

 Son maneras de elaborar el duelo. Algunas se asocian a religiones y creencias espirituales. Otras a tradiciones y símbolos que unían a los que quedan con los que no están. Todas pueden servir para asimilar la muerte, un proceso difícil y que de no llevarse a cabo en un tiempo que puede oscilar entre los seis meses y un año —cada persona tiene sus particularidades—, según la relación con el finado, su sensibilidad o estado emocional puede desembocar en duelo no elaborado. Es importante aquí señalar que ese período en algunas ocasiones se puede alargar más de un año sin que esto sea un indicador negativo de afrontamiento del duelo

No es el duelo no elaborado una actitud consciente, sino un proceso inconsciente de sublimación y bloqueo de nuestras emociones y sentimientos ante la muerte. Es una forma de rechazar el dolor. En este caso la persona actúa como si nada hubiera pasado, como si la pérdida no se hubiese producido y, pese a las apariencias de normalidad, no es saludable; puede estancarse una fase de dolor o de otro estado emocional sin poder avanzar hacia la aceptación.

El duelo no elaborado puede enquistarse y se convierte en un factor de riesgo para el desarrollo de problemas emocionales y no permite reconstruir la vida sin la personas fallecida. Por lo que, dejar entrar al dolor y experimentándolo es un proceso necesario en un proceso de duelo. Aquí van cinco consejos para aliviar la dureza de la situación y la intensidad de las emociones:

1. Identificar las emociones y permitirnos sentirlas, aunque nos produzcan dolor.

2. Rodearnos de apoyo social y familiar.

3. No descuidar nuestros hábitos saludables y rutinas básicas, ya se trate de alimentación, sueño, deporte.

4. Si el sueño se ve alterado de manera significativa, se puede hablar con médico de cabecera o psiquiatra para ayudar a la conciliación y conseguir el descanso.

5. Permitirse sentir emociones positivas y no sentirnos culpables por ello. Esto no cambia el dolor emocional que se tiene, pero sí ayuda a nuestro estado de ánimo y avanzar. Podemos tener dolor emocional por la pérdida y disfrutar de alguna actividad o apoyo social.

En cuanto a los más pequeños, quienes pueden tener más dificultad para procesar lo sucedido, la recomendación es no obstaculizar los sentimientos del niño y dejarle expresar su dolor. Por supuesto, escucharle y tratar de ayudarle a entender la pérdida.

El duelo no elaborado es un factor de riesgo para nuestra estabilidad emocional, que puede derivar en una depresión. En este caso será importante una valoración por parte de los especialistas en salud mental, psicólogo o psiquiatra, para poder realizar un plan de intervención junto a la persona y el sistema de soporte social y familiar que el paciente tenga.