Debate del estado de la autonomía: del sentidiño al apocalipsis

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

XOAN A. SOLER

No hubo término medio. Difícil encontrar pausa en la política de hoy, ni en Galicia, donde tendemos a la mitad de la escalera. Quedémonos con la parte más realista del debate de ayer en el Parlamento gallego: las medidas que supondrán un alivio importante para las familias. Justo donde más duele: en el cuidado de nuestros mayores. Dirá la oposición que así le resultó fácil ganar el debate a Alfonso Rueda. Pero hay que tener la manija para pensarlas, calcularlas y ponerlas en marcha. Ayudar hoy a las familias no es cuestión de color político ni de ideologías. Es solo sentidiño. Cierto es que en el ámbito de la dependencia y sus plazos de espera queda tanto por hacer que estaremos atentos, con la lupa puesta para fiscalizar las promesas de ayer y comprobar que se conviertan en realidad.

Además de estas propuestas, Rueda consiguió algo más. Le regaló la oposición su existencia. Ya no es alguien que no existe. Rueda sorprendió por su intensidad desde que asumió el reto. No es el suyo el perfil bajo con el que se frotaban las manos en el BNG y en el socialismo gallego. Su carpeta está llena de retos tan necesarios en este mundo que vivimos rodeados de miedos y desafíos, donde la amenaza salta de Ucrania a Israel. Si convoca las elecciones, una prerrogativa solo suya, Alfonso Rueda da la sensación de tener una hoja de ruta.

Lo mejor del debate fueron las réplicas. Aquí Rueda estuvo contundente. Antes, Ana Pontón fue una trituradora, como se esperaba de ella en su papel de líderesa de la oposición. Luego ya cambió y pasó a proponerse como la primera presidenta de Galicia, si encabeza lo que sería un tripartito, entre el BNG, el PSdG y Sumar, de Yolanda Díaz, que se presentará sin duda y que anda tocando posibles candidatas. Los tres partidos tienen que impedir que el PP obtenga 38 diputados, los que marcan quién gobierna. Un clásico de nuestra política. Con el PSOE en cabeza, solo Touriño lo consiguió en urnas. Ahora, es el BNG el que parte en cabeza. De ahí que Ana Pontón se postulase ayer más que nunca. Del portavoz socialista Luis Álvarez, subrayar las contradicciones que le sacó al discurso del PP. Aunque era mucho más importante lo que estaba pasando en su partido en la tribuna de invitados con el deseado Besteiro convertido en candidato socialista por decisión de Sánchez, en unas primarias que no tendrán sabor a primarias.

Del portavoz del PP, Alberto Pazos robarle esa expresión de apocalipsis pontoniana, porque un apocalipsis es lo que le parece a Ana Pontón el PP y todo lo que le rodea. Pazos se pasó de teatral. Era muy difícil sustituir a Puy, un florentino de la palabra. Galicia tiene que existir entre el apocalipsis del BNG y del PSdG y la excelencia con la que se ve a sí mismo el PP. En algún lugar, entre esos dos extremos, estamos los gallegos. Galicia no es país de experimentos. Tal vez, el sentidiño sea ese territorio común donde se miden las valentías y se desdeñan los desmanes. Galicia, como otras comunidades, no quiere estar mirando a los independentistas catalanes. Galicia prefiere ser isla de estabilidad, en el mercado de la política estatal.