Los primeros días de cada septiembre se habla del síndrome posvacacional, sobre todo en los medios de comunicación y redes sociales. Irse de vacaciones es hoy habitual, disfrutándolas la mayoría en el mes de agosto. Hay también personas que no tienen vacaciones en ningún momento del año.
¿Es un invento el síndrome posvacacional? Pues sí. Lo que sabemos es que las vacaciones no son igual de satisfactorias para todas las personas. Algunas no desconectan de su trabajo ni de sus problemas personales. Incluso estos pueden agravarse, al tener más tiempo libre para reflexionar, pensar en la vida, familia e hijos, trabajo, amigos o planes de futuro.
Por desgracia, sobre este teórico síndrome hay muchos pseudoexpertos. Inventar es fácil. Los medios de comunicación y las redes sociales amplifican cualquier noticia curiosa en un mundo donde casi todo es posible, y lo irreal o inexistente puede llegar a parecer real, al menos durante unos días. Porque, como el río Guadiana, a partir de esos primeros días de septiembre este síndrome desaparece del todo para reaparecer de nuevo al año siguiente. Visto y no visto.
Como ocurre en cualquier otro período del año, hay personas que al incorporarse al trabajo después de vacaciones tienen depresión, trastornos de ansiedad, estrés laboral, trastornos adaptativos, familiares, económicos u otros. Estos no aparecen ni son más frecuentes después de ellas. A veces ocurre que, a la vuelta de vacaciones, cambian circunstancias del entorno: los hijos se van a estudiar fuera de casa, en el trabajo hay que hacer cambios, se gastó más dinero del previsto, siguen los problemas en el vecindario, etcétera. Esto puede aumentar el estrés y el malestar. O aparecen de nuevo problemas que se habían evitado al irse de vacaciones. Pero esto mismo ocurre el resto del año.
Es normal, después de vacaciones, que algunas personas duerman peor, estén más cansadas e incluso irascibles. Días antes no tenían horarios, comían cuando les apetecía, tomaban la siesta, trasnochaban, con una vida más desordenada y relajada. Al volver a la rutina hay que acostarse pronto, levantarse temprano, los días se van haciendo más cortos, se va hacia el otoño... Pero esto no ocurre de golpe, nos vamos adaptando a ello en unas semanas. Lo hacemos todos.
Debemos aplicar el sentido común cuando se vuelve de vacaciones, con una adecuada planificación hacia el trabajo, familia, amigos y vida cotidiana, con las rutinas habituales. En pocas semanas todo será igual, o muy parecido, a antes de vacaciones. Por suerte, pudimos en ellas desconectar de lo que hacemos el resto del año. El teórico síndrome se evaporará en unos días. Y, para el próximo año, volveremos a hablar de nuevo del mismo. Porque ya echamos hoy en falta las próximas vacaciones…