El cerebro y la carne

Manuel Luis Casalderrey
Manuel-Luis Casalderrey RINCÓN ABIERTO

OPINIÓN

Cambridge University

Muy Interesante de este mes tiene un buen reportaje sobre el cerebro («Cómo funciona la mente»). Para poner de manifiesto la gran complejidad del cerebro se dan algunas cifras: en una masa de apenas 1,5 kilos hay unos 86.000 millones de neuronas que se comunican a través de 10 billones de sinapsis (permiten las conexiones entre neuronas). Con estas cifras no es de extrañar que el cerebro consuma el 20 % de toda la energía del cuerpo, a pesar de que el cerebro representa solo el 2 % de su masa.

Uno de nuestros antepasados, el Ardipithecus, tenía un cráneo de aproximadamente 350 centímetros cúbicos, y el del homo sapiens, nuestra especie, tiene entre 1.300 y 1.800. Hay una serie de factores que han influido en ese increíble crecimiento del cerebro. En primer lugar, el bipedismo: la habilidad de caminar sobre dos piernas liberó las manos para realizar tareas más complejas y precisas, para lo cual se necesitaba más cerebro.

El descubrimiento del fuego tuvo un importante protagonismo en el desarrollo de nuestro cerebro. La inclusión de alimentos ricos en calorías y nutrientes, como la carne, y la cocción de alimentos permitieron que nuestros antepasados tuviesen acceso a más energía. En estos tiempos, en los que se cuestiona el consumo de carne y se intenta sustituirla por carne artificial, debería de quedar claro que el consumo de carne contribuyó decisivamente al desarrollo de nuestro cerebro y hoy sirve para mantenerlo vivo.