El nombre que damos a la extremidad de nuestros miembros inferiores es una palabra muy productiva. El Diccionario recoge en el artículo pie 28 acepciones y, si no contamos mal, 152 formas complejas y locuciones. En algunos de los sentidos con los que más se emplea ese sustantivo hay una relación con la parte inferior de algo que tiene altura o la que lo sostiene, como el pie de una lámpara o el de una copa.
Tradicionalmente se usaba al pie de en relación con cosas que por su forma tenían una parte baja o pie. De ello da buenas muestras Cervantes, que sitúa personajes y acciones al pie de cosas como una escalera, peñas, altas montañas y torres, y muchas veces de árboles, como un alcornoque, un olmo, una encina, un fresno, un sauce, un crescido nogal o una altísima palma.
Hoy hemos perdido ese sentido de al pie de solo con cosas que tienen pie y la locución prolifera en letra impresa como equivalente a junto a para indicar, por ejemplo, que una estación de servicio está al borde de una carretera. De un personaje que nació en Ourense leemos que vino al mundo al pie del Miño. Ni carretera ni río tienen pie, pero quienes así se expresan pueden ampararse en el Diccionario, que da pie a ese uso cuando dice de la locución adverbial: «Junto a algo o al lado de ello».
Si en vez de cosas al pie de algo las buscamos a pie de encontramos la más que centenaria locución a pie de fábrica, que se dice del valor primitivo que tiene algo en el sitio donde se fabrica, y a pie de obra, que se emplea cuando se habla del coste de los materiales para construir una casa puestos en el lugar donde se va a edificar. A partir de ahí, parece que hoy todo está a pie de algo, lo que perturba a una amable lectora que nos envía transcritos con delicada caligrafía los a pie de que ha ido cosechando. En esa lista aparecen un vehículo de transportes especiales que aparca a pie de hospital, un paracaidista ruso hecho prisionero por sus colegas ucranianos a pie de cerco, un gasolinero víctima de un robo a pie de surtidor, un espectáculo artístico a pie de calle, multitud de coches estacionados a pie de carretera, una vendedora de flores que ofrece su mercancía a pie de supermercado, un recinto deportivo cuyo aforo se va ampliar con cuatro filas de asientos a pie de campo... Triunfan a pie de playa, por los alquileres de apartamentos, y a pie de muelle, donde, entre otros sucedidos recientes, la Guardia Civil ha sorprendido a un furtivo con las manos en los percebes.