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Alberto Juffé, amigo y compañero de la Real Academia de Medicina, me pidió que reflexionara acerca de la publicación en la revista Nature de la primera «reproducción bipaterna» en ratones —es decir, la obtención de embriones viables a partir de dos machos— conseguida por investigadores de la Universidad de Osaka. Hay un aforismo corroborado por la historia del ser humano que dice: «Todo lo que puede ser pensado se acabará consiguiendo», independientemente de que suponga un bien o un mal para la humanidad. La falta de pericia en temas de bioética me aconseja no dar una opinión. Sí quisiera apuntar alguna reflexión pagana.

La noticia, aunque inquietante, no es nueva. Allá por el siglo XVI, el médico, astrólogo y alquimista Teofrasto Bombasto de Hohenheim, más conocido como Paracelso, publicó la obra De natura Rerum, dónde describía minuciosamente el proceso a seguir para crear un homúnculo (especie de hombrecillo). El hombre y la ciencia siempre han explorado los límites de la realidad y soñado con convertirse en demiurgos capaces de imitar a Dios (cualquiera que este sea). Ser capaces de crear un ser humano hijo de dos padres es una utopía científica que puede derivar en una distopía de difícil predicción. Poner la vida en modo manual, «manipulando» el orden natural de las cosas tiene sus riesgos. ¿Quiénes serán los llamados a gestionar ese nuevo mundo fuera de las leyes naturales? ¿Quién dictará las nuevas leyes?

Se presagian tiempos convulsos para una humanidad que tendrá que adaptarse al mundo que ella misma crea; sola, sin dioses, explorando territorios que a la vez vamos creando como Urovoro devorándose a sí mismo. No me inquietan las posibilidades de la ciencia, sino aquellos que han de gestionarla. Aún estamos discutiendo si Ana Obregón es madre, abuela, legal, ética o no, y ya se abre una posibilidad que obligará a construir otro orden con otra legalidad y otra ética.

Cosas como esta y la que leí el otro día de un pakistaní que acertó a la lotería preguntándoselo al ChatGPT, el nuevo cerebro protésico que responde a cualquier cuestión procesando toda la información existente en el planeta, son asuntos turbadores. Esperemos que en el mundo que está por venir la verdadera inteligencia siga estando en las buenas preguntas y no en un cementerio de datos. Es imposible adaptarse al mismo tiempo que se crea un nuevo mundo; muchos estamos condenados a no ser capaces. Los que lo consigan, lo harán porque son ellos quienes lo desarrollan. Los señores del aire no se adaptan, solo crean. Son exploradores, no colonos.