Tengo que agradecerle a Todo a la vez en todas partes una buena sonata el sábado por la tarde. La puse con la intención de llevarme la contraria, de convencerme de que tal vez me gustaría este nuevo estilo cinematográfico, pero el sopor hizo su trabajo y en pocos minutos entré en el metaverso del sueño. Es lo mejor que puedo decir de este filme del que ya ha dicho todo en su crónica José Luis Losa. Y en eso radica seguramente su esencia, en que su sola existencia nos reafirma a todos los que deseamos disfrutar del mejor cine de que este nuevo no lo es, pero hay y hubo otro insuperable. Cuando me desperté de ese sopor lleno de acción aburrida de la cinta oscarizada, aparecieron en la pantalla de la televisión unas letras que ponían «Focus Features» que compensaron el disgusto coreano. Era Tokio, pero qué Tokio. El de Bill Murray y Scarlett Johansson en esa excelente cinta de Sofia Coppola, Lost in Translation, que este año celebra su veinte aniversario. La volví a ver entera y la volví a disfrutar con toda la emoción que me produjo hace dos décadas. La escena en el bar del hotel, la escena en la cama, la escena en el karaoke, la escena en el taxi... Todas son ejemplos de la excelencia hecha cine. Con un guion magnífico, unos actores insuperables, una filmación atractivísima y una banda sonora maravillosa. Podía estar horas hablando de Bob y Charlotte, de su historia de amor, de la sutileza de Coppola, de Tokio, y de la canción More than This... Lo de menos hoy son los Óscar.