Lo que menos le conviene a la monarquía británica ahora es que se resquebraje su imagen con la única pareja idílica que les queda: la de Kate Middleton y William. Si a estas alturas de la película se admitiesen apuestas, la mayoría se lanzarían a pensar que cualquier matrimonio se rompería antes que el de los príncipes de Gales, que se han trabajado una imagen intachable, con sus tres hijos y sin ningún borrón en sus comportamientos públicos. Por eso, que se empiece a hablar de que William le es infiel a Kate con su amiga Rose Hanbury ha hecho saltar todas las alarmas y, al parecer, ya queda poco rastro en las páginas webs británicas de este affaire que ha salpicado durante estos días al matrimonio. De un plumazo ha desaparecido esta mancha, que para la prensa seria responde más a las ganas de hablar que a la realidad que se cuece en la intimidad de Kate y William. Sin embargo, lo más curioso es cómo ella ha disipado toda duda sobre el malestar en el matrimonio. Lucida en un vestido vaporoso en la alfombra roja de los Premios Bafta, saltándose todo el protocolo esperable para una princesita de cuento, Kate le ha asestado un pícaro cachete en el culo a su marido para que nos quede claro que entre ellos aún hay esa chispa atrevida del subidón. Pero, claro, ese gesto juguetón es revelador: a Kate le ha escocido lo suficiente el rumor como para querer disimularlo.