Una Constitución muy rentable

OPINIÓN

Eduardo Parra | EUROPAPRESS

Los españoles celebramos cada año con gran alborozo el día de admiración y respeto a nuestra Constitución. La mitad del país se va a conocer mundo. La otra mitad se queda tirado en el sofá. Y las clases dirigentes se reúnen en torno a un aperitivo cruzándose unos discursos que siempre nos hablan de lo importante y necesaria que es la Carta Magna. Porque la Constitución española, que ayer cumplió 44 años, tiene grandes y múltiples utilidades. Sirve para irse de descanso, para establecer el listón entre gentes de bien y de mal, para culparla del mal funcionamiento del sistema, para atizar con ella al contrincante y para acusarlo de incumplirla. Siempre está ahí prestando un gran servicio. Es muy rentable.

La mayoría de los españoles apoya la Carta Magna al entender que gracias a ella vivimos en democracia y porque nos ha proporcionado prosperidad, aunque casi el 70 % vería con buenos ojos su reforma. Por anticuada. Pero aún así sigue siendo la institución que más confianza genera, según Tezanos.

Nuestro texto no solo quedó obsoleto, sino que se incumple gran parte de su articulado. Dice que los españoles somos iguales ante la ley, que todos tenemos derecho al trabajo, a la protección social, a disfrutar de una vivienda digna, a pensiones adecuadas y periódicamente actualizadas y a ser defendidos como consumidores. Eso dice. Entre otras muchas cosas. Ni caso se le hace. Pero se cumplan o no las condiciones para bordar su reforma, quienes deben de afrontar esta revisión —y que no se ponen de acuerdo para eliminar el término disminuido— están encantados con el texto actual porque, amparándose en él, hacen lo que hacen y lo contrario. Y lo que es más importante, descalifican al rival acusándolo de falta de sentido democrático y antipatriotismo. En los últimos tiempos más que nunca escuchamos acusaciones de incumplimiento constitucional, a propósito de la no renovación del Consejo del Poder Judicial, de la presencia de terminados partidos en la vida política y del peso de fuerzas independentistas en cuestiones de Gobierno. Pero nadie ha dado un paso por mejorarla y al tiempo abordar cuestiones tan evidentes como el sistema electoral, la ilegalización de determinados partidos políticos, la reforma del Senado, la supresión de la prevalencia del varón sobre la mujer en la sucesión de la Corona, la reducción de los políticos aforados, ni incorporar aspectos sobre protección de los medios digitales. Entre otras cuestiones.

El texto del 78 nos llena a todos de orgullo y satisfacción. A unos porque nos facilita un puente de descanso y a otros porque les permite seguir usándolo como arma arrojadiza contra el adversario. Que, por lo visto, es de lo que se trata. Porque si se respeta y cumple resulta muy engorroso. Coarta mucho las actuaciones de sus señorías. Resulta tan incómodo cumplir con las constituciones que hasta Trump, que es un avanzado, acaba de pedir derogar la de Estados Unidos. Aquí nos lo propondrán cualquier día.