El truco del silencio

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

OPINIÓN

AYUNTAMIENTO DE SAN JUAN DEL PUE | EUROPAPRESS

05 oct 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Eso que Quintero ensayaba desde la radio, mientras desataba vocaciones tempranas en chavales que querían entrevistar como él, se llama silencio. El estruendo general que hoy lo valora indica que nos estamos cansando del ruido y que, tras años de elogiar la velocidad, ahora echamos de menos la calma. Los silencios de Quintero suenan hoy tan apabullantes que adquieren la textura de un desafío, instruidos como estamos en ocupar cada segundo de la vida en algo, aunque ese algo sea mucho menos productivo que la nada.

Los mutismos de Quintero se convirtieron en algún momento en una lección para periodistas antes de imponerse la técnica de la persecución, en virtud de la cual hay que apretar al que interrogas a la velocidad a la que danzaba Mohamed Alí en el ring. Él descubrió pronto que al dominar el silencio vencía, porque lo fácil es hablar y hablar, aunque no se tenga nada que decir. Y que ante la crudeza de su silencio, en ese duelo encarnizado que traspasaba las ondas, el entrevistado llevaba siempre las de perder, y en esa rendición aparecía la esencia de su pensamiento, esa que se puede disimular cuando hay alboroto pero que brota por arte de magia cuando alguien te escucha o simplemente se calla.

Desde fuera, dos personas en silencio pueden ser dos personas que ya no tienen nada que decirse o dos personas que se lo están diciendo todo. A veces, la mejor manera de percibir el amor es aceptar que sobran las palabras y sumergirse en esa omisión que lo envuelve todo y que está lleno de todo lo que no se puede decir con palabras. Ese estado en el que no hay un solo ruido pero que está lleno de todo es lo más parecido a la felicidad.