Sin misterio

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

MONICA IRAGO

20 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Si fuéramos capaces de saberlo todo o de explicarlo todo, la vida carecería de interés, de brillo, de alegría, de calor. Dejaría de ser una vida verdaderamente humana, porque habría desaparecido el misterio. Y con él se esfumarían el amor, la poesía, lo sagrado y tantas otras realidades que nos hacen temblar. Necesitamos cierto nivel de estremecimiento para llevar una vida que valga la pena.

Si se apaga el misterio, cae sobre la existencia una luz artificial y chillona: la vulgaridad, esa incapacidad crónica de reconocer lo grande, lo bello, lo incomprensible, lo inefable. La vulgaridad suprime la admiración y el fervor. Es la muerte, ahogada en datos, de cualquier sabiduría, de cualquier felicidad, de cualquier vida mejor. Mata la libertad, también. Sin misterio quedan solo el poder y la fuerza, el sometimiento consciente o inconsciente, la esclavitud que Tolkien definía como un bucle: vivir para trabajar y trabajar para vivir. En ese mundo apenas cabría más estremecimiento que el que produce el miedo.

Pero el misterio existe y nos salva de esa vida roma y cruel. La sabiduría, dice el antropólogo canadiense Jeremy Narby, requiere no solo la investigación de muchas cosas, sino también la contemplación del misterio. La especialización limita, pero conviene. Es necesaria incluso la superespecialización, siempre que no renuncie al misterio. Siempre que no intente negarlo desde su limitación radical o hacerse cargo de lo inexplicable.