Los retrasos del AVE

Agustín Hernández Fernádez de Rojas INGENIERO DE CAMINOS, CANALES Y PUERTOS. EX CONSELLEIRO DE MEDIO AMBIENTE, TERRITORIO E INFRAESTRUCTURAS

OPINIÓN

TALGO | EUROPAPRESS

La historia de las infraestructuras de Galicia es, por desgracia, un relato de incumplimientos y frustraciones. Nuestra posición geográfica en una España diseñada radialmente, desde el centro hacia las periferias, nuestro escaso peso demográfico, las dificultades orográficas, las crisis económicas, las dificultades técnicas de todo tipo, accidentes, desprendimientos, etcétera, son habitualmente utilizadas para justificar que a Galicia el desarrollo llegara siempre con retraso.

Los lentos avances de los primeros planes de carreteras estatales, que hasta el 2002 no estuvieran acabadas las autovías de acceso a la meseta, que el AVE llegara solo a una de nuestras siete principales ciudades casi treinta años después de la primera línea española, que aún estemos esperando por las imprescindibles autovías de conexión entre Santiago, Lugo y Ourense, o el desesperante retraso que, año tras año, acumula el desarrollo del corredor atlántico de mercancías, son algunos ejemplos de ese diagnóstico.

En el caso concreto del AVE a Galicia, el relato de los incumplimientos desde las primeras promesas de puesta en marcha permitiría sin duda dedicar el presente artículo a relatar las sucesivas fechas de llegada del AVE, así como a describir las frustraciones colectivas al constatarse los retrasos. Sería un ejercicio interesante sobre la historia reciente de nuestras infraestructuras ferroviarias que probablemente solo nos condujese a una profunda melancolía, así como a un debate inútil sobre qué responsable político incumplió más promesas.

No es mi intención elaborar un ránking de culpables respecto de fechas incumplidas. Me centraré únicamente en el último plazo comprometido y nuevamente incumplido, el relativo a la operación en la línea de Galicia de los conocidos trenes Avril, que permitirán disponer de un mayor número de plazas a la vez que mejorarán los tiempos de viaje frente a los actuales Alvia, dos cuestiones que se han demostrado absolutamente prioritarias en las relaciones ferroviarias de Galicia con el resto de España, a la vista del indudable éxito de ocupación de los actuales servicios de AVE a Ourense y de los Alvia al resto de destinos gallegos.

Como ocurre habitualmente, se argumentarán diversas circunstancias para justificar este nuevo y no cuantificado retraso. Sin profundizar en las razones de este y en su justificación (algunos datos ya los estamos conociendo), la gestión por parte de los responsables ministeriales y de la empresa pública Renfe en relación con la información trasladada la sociedad gallega y a su representación política solo se puede adjetivar como inaceptable.

Resulta legítimo que un responsable público comprometa un plazo y que lo publicite, también puede ocurrir (a mí mismo me ha pasado) que diversas circunstancias impidan cumplir el compromiso. En estas condiciones es imprescindible actuar con transparencia, rapidez y lealtad. Tres adjetivos que brillan por su ausencia en la gestión ministerial sobre esta materia.

En conclusión, un nuevo retraso y probablemente, por desgracia para Galicia, no será el último a añadir en la historia de las infraestructuras ferroviarias de nuestro país.