Autopsia clínica

Pascual Sesma ESPECIALISTA EN MEDICINA INTERNA

OPINIÓN

XABIER NOVO

Suele afirmase que la función crea el órgano y la ausencia de la misma produce atrofia. Un artículo publicado en La Voz analiza la casi completa extinción de la autopsia clínica, extinción que confirma esta regla general. Las nuevas pruebas de imagen permiten resolver, en vida del paciente, muchas dudas, que antaño tan solo resolvía la autopsia, debilitando así la motivación para solicitarla. Las determinaciones analíticas cada vez más sofisticadas actúan en la misma dirección.

En segundo lugar, las circunstancias que rodean al fallecimiento no suelen acompañar. El médico que asiste y certifica pocas veces es el habitual del paciente. Este puede estar solo o la petición encontrar resistencias familiares difíciles de vencer. Además interfiere con las rutinas mortuorias habituales, tanto del propio hospital, como de los servicios funerarios. Vencer todo ello requiere una elevada motivación, que no existe cuando se considera que quedan pocas preguntas por contestar. Finalmente los propios servicios de anatomía patológica, en contra de lo que cabría suponer, no tienen la autopsia entre sus prioridades. Usualmente los informes definitivos se demoran meses y finalmente llegan cuando el caso es ya borroso. La ya señalada disociación entre médico del paciente y solicitante difumina la efectividad de la información aportada. Así pues, la ausencia de propuestas claras para solventar estos problemas, convierte la reivindicación de la autopsia clínica en nostalgia de un tiempo ido.