Según el Diccionario de la Real Academia Española, la inteligencia es la capacidad de entender o comprender e inteligencia artificial (IA) es la atribuida a las máquinas capaces de hacer operaciones propias de los seres inteligentes. La IA funciona a base de algoritmos (instrucciones más o menos complejas) para que la máquina realice las tareas encomendadas.
La IA le afecta a usted cuando llama por teléfono a una empresa y una máquina programada para imitar la voz humana se empeña en que usted aprenda los números: marque el uno, marque el dos, etcétera. También para asegurarle que todos nuestros operadores están ocupados y mentirle: en breve le atenderemos, porque tardará usted un buen rato en ser atendido, si es que lo logra. Para evitar esta pérdida de tiempo el Gobierno acaba de presentar un anteproyecto de decreto para que usted sea atendido en un tiempo máximo de 15 minutos (La Voz, 1-6). Se necesitará otro algoritmo para comprobar si se cumple lo establecido.
La IA está en otros muchos ámbitos que también le afectan: cuando aparece en su correo electrónico publicidad de hoteles en la playa, justo después de haber estado buscando vuelos a una ciudad de la costa. La IA está en los coches autónomos (sin conductor), en la cirugía robotizada, en el aterrizaje de los aviones usando el software del piloto automático, en la visión artificial, en los servicios de traducción automática, en el reconocimiento facial o de voz, etcétera