La dedicatoria de don Gonzalo

Miguel-Anxo Murado ESCRITOR Y PERIODISTA

OPINIÓN

Ed

03 abr 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Aprovechando que estaba en Lugo, busqué mi ejemplar de La saga/fuga de J.B. entre los viejos libros que guardo allí (en Madrid no me caben). Y es que este mes se conmemoran los cincuenta años de la publicación de la mítica novela de Gonzalo Torrente Ballester y me apetecía volver a leerla. Será la cuarta vez, que es cuando uno empieza realmente a disfrutar de un buen libro. Precisamente, hace poco tuve el honor de escribir sobre el gran escritor ferrolano en el que fue el número final de la revista que publicaba su fundación; y en aquel número, que era en sí una despedida y una recapitulación, hacía yo un repaso de mis modestos recuerdos de don Gonzalo, a quien traté un poco cuando yo era todavía un escritor joven y él un autor consagrado. Supongo que esos recuerdos solo son importantes para mí: aquel día en que mi amiga Virginia Pubul me llevó a conocerle al café Derby de Santiago y él la puso colorada diciéndole «¡Vas de Miércoles Santo!», porque la encantadora Virginia llevaba un bonito vestido morado; o aquel otro día en que tomamos café en Salamanca en el legendario Novelty, y luego volvimos paseando por el famoso atardecer helmántico que convierte las piedras en oro viejo. Cenando un día en Lugo, don Gonzalo me detalló el argumento de la que iba a ser su siguiente novela («Non llo contes a ninguén», me dijo, porque él insistía en que hablásemos siempre en gallego). Yo, que había llevado ese ejemplar mío de La saga/fuga, le pedí que me lo firmase. Se lo dije con algo de timidez, porque intuía que le molestaba un poco que ese libro hubiese eclipsado a otras obras suyas a las que él tenía más cariño. Escribió la dedicatoria lentamente, y mientras lo hacía empezó a contarme cómo había escrito aquella novela, qué la había inspirado y cómo había organizado el material. Sentí aquello como el gran honor que era, porque a mí, un principiante, me hablaba como un escritor habla a otro. Por cierto que muchos años después, en un congreso en una universidad norteamericana, escuché a un joven profesor de filología disertar sobre los orígenes de La saga/fuga. Con la mejor intención hice luego un aparte con él para confiarle que el propio autor me había revelado con detalle la cuestión. Para mi sorpresa, el profesor me rehuyó molesto. Ya tenía armada y publicada su teoría, y yo había ido a complicarle la vida. Así que me quedé con el secreto de aquella conversación con don Gonzalo. Mejor así.

Creo que La saga/fuga de J.B. es una de las novelas más originales de la literatura del siglo XX, y no me refiero a la española sino a la universal. Esta epopeya de un humilde profesor de gramática que viaja del absurdo a la apoteosis es un Ulises de Joyce que se entiende, una épica de la ciudad de provincias como microcosmos de la humanidad, y sobre todo un relato que reflexiona sobre su propia forma y estructura, regido por las leyes de la simetría y la combinatoria. El caso es que al final di en mi biblioteca con mi ejemplar de La saga/fuga, entre Cotufas en el Golfo y Fragmentos de Apocalipsis. Lo acabo de abrir para empezar a leerlo y me he encontrado en la página de respeto con aquella dedicatoria que me escribió don Gonzalo hace tantos años. Dice: «A Miguel Anxo Murado, que comenza un camiño maravilloso e duro ¡Chega ó final, Miguel Anxo!», y sigue su firma, que acaba en una raya horizontal que se prolonga al extremo de la hoja. Y, a partir de ahí, 585 páginas sin un solo punto y aparte, un párrafo gigantesco que parece escrito de una sola tacada, como el largo soplo de una Musa.