Plan de Sánchez: tarde, mal y a rastras
OPINIÓN
Llevamos un año en el que los precios llevan acumulando continuas subidas por el aumento de la demanda después de la pandemia, la falta de materias primas y microchips y la escalada de los precios de la electricidad; todo ello agravado por la invasión rusa de Ucrania, que ha disparado los precios energéticos y de otras materias primas fundamentales para nuestro sistema productivo y nuestro consumo.
Pero no es hasta la huelga de los transportistas cuando el Gobierno empieza a adoptar medidas, con retraso y con limitaciones, medidas que, por su naturaleza diversa, deben ser analizadas de forma independiente.
Para paliar la subida de los combustibles se recurre a la bonificación de su precio para toda la población, así como subvenciones directas al sector del transporte. La rebaja de 20 céntimos, de la que el Ejecutivo asume 15, paliará el coste de llenar el depósito, pero es una medida menos eficiente que la de reducir los impuestos (hidrocarburos e IVA), que suponen de media el 50 % del precio final. Esta reducción impositiva tendría un mayor impacto de rebaja del precio, pero no sobre la recaudación (si esta se compara con la que había antes del incremento del precio de los carburantes). De hecho, se estima que la recaudación solo por el IVA se ha incrementado en unos 5.000 millones de euros por el aumento de la base imponible. Además, esta era una medida anunciada ante la conferencia de presidentes autonómicos, por lo que habría tenido un amplio consenso político.
Por otra parte, tenemos una medida sorpresiva: la fijación de un límite del 2 % al incremento en los alquileres. Esta medida es claramente intervencionista, contraria a la competencia, puede provocar una reducción de la oferta de vivienda en alquiler y, a medio plazo, un incremento de los propios precios, por lo que su implementación es claramente ineficiente.
Hay otras iniciativas en el anuncio del Gobierno, algunas sin haber sido debatidas en la mesa del diálogo social en cuanto afectan al mercado de trabajo, y otras sin terminar de concretar aún y que, además de llegar tarde, de nuevo son ineficientes y no solucionarán las tensiones inflacionistas, que pueden lastrar nuestro crecimiento económico.