El efecto mariposa de indexar los salarios al IPC
OPINIÓN
Seguro que han escuchado más de una vez que el simple aleteo de una mariposa puede desencadenar una tormenta al otro lado del mundo, es lo que se conoce como efecto mariposa. En realidad, es la constatación de que todo está interconectado y toda acción provoca una reacción en cadena, que en parte es impredecible.
Esta ley universal es la que explica por qué es tan peligroso el intervencionismo público en la economía, y más todavía cuando se hace en base a prejuicios.
Ahora se anda a vueltas con el pacto de rentas, sin reconocer que son los sectores más regulados aquellos que están provocando las mayores alzas de precios, que en el caso de los combustibles tienen el agravante de que aproximadamente la mitad de lo que pagamos son impuestos.
Pero es que, además, salvo en situaciones de monopolio o precios regulados por el Estado, presuponer que las empresas pueden actuar sobre los márgenes es no conocer la realidad, ya que, en la mayoría de los casos, los incrementos de costes no pueden repercutirse en el precio, por muchas razones, unas estratégicas, para no perder cuota de mercado, y otras meramente operativas, como son la existencia de contratos que obligan a unas condiciones que habían sido pactadas previamente.
Por otra parte, debemos tener presente que las subidas de la energía, transporte y en algunas materias primas son meramente coyunturales, de manera que los precios seguirán fluctuando tanto al alza como a la baja.
Sin embargo, esto no ocurre con los costes salariales, que por la forma en que esta regulado el mercado de trabajo solo pueden subir, consolidándose cada incremento y pudiendo desencadenar un efecto perverso, en forma de círculo vicioso sobre la inflación y la competitividad.
Esto no ocurriría si los salarios, en los convenios colectivos, tanto sectoriales como de empresa, en vez de indexarse de forma automática al IPC, se vinculasen a la productividad, sin perjuicio de los mínimos que se pacten. En este sentido, desde un punto de vista económico, los incrementos salariales en función del índice de precios, al igual que el generado por la antigüedad, cuando no se produce una mejora equivalente en la productividad, sino que vienen motivados por factores externos o el simple paso del tiempo, suponen, simple y llanamente, una pérdida de competitividad para la empresa.
En la situación actual, la clave estará en cómo se hayan negociado los convenios colectivos que resulten de aplicación en cada caso, puesto que no es lo mismo aquellos que incluyan un tope en la cláusula de revisión, que los que obligan a subir la totalidad del incremento del índice de precios. Por lo tanto, tampoco veo mucho margen para los pactos.