Europa ante la guerra energética

Nicolás González Casares EURODIPUTADO SOCIALISTA. MIEMBRO DE LA COMISIÓN DE ENERGÍA E INDUSTRIA DEL PARLAMENTO EUROPEO

OPINIÓN

FOCKE STRANGMANN | Efe

11 mar 2022 . Actualizado a las 09:22 h.

La guerra avanza por su tercera semana, los efectos económicos ya se empiezan a sentir en los hogares. El aumento de precios que percibíamos hasta ahora en combustibles y electricidad provenía del panorama post-pandémico y se esperaba limitado en el tiempo. La falta de existencias de microchips o que ciertos alimentos subieran nada tiene que ver con lo que está por venir tras la invasión rusa. Si bien es cierto que la guerra ha empezado hace unos días, la batalla energética llevaba meses en marcha. La subida de los precios del gas parecía esconder la mano de Putin jugando con el suministro, como se ha ido demostrando: apostaba a que podría contener la respuesta europea ante un eventual conflicto mediante nuestra dependencia energética, al tiempo que aumentaba su caja para financiar la guerra y minorar el impacto de las sanciones.

Desde el Parlamento Europeo y desde gobiernos como el de España, país que por su estructura presenta una traslación rápida de precios desde el mercado eléctrico mayorista a los recibos de los consumidores, llevamos meses reclamando una modificación de las reglas del mercado mayorista eléctrico europeo que conforman los precios de la electricidad. La Comisión Europea se ha resistido y ha actuado con lentitud ante el incremento de precios, si bien en la comunicación hecha pública esta semana ha acabado cediendo y avanzado medidas inspiradas en la respuesta dada por el Gobierno español, aunque aún falta el desacople de los precios del gas natural del precio del mercado mayorista eléctrico, algo que estoy seguro que veremos en días o semanas.

Desde la UE y los Estados miembros debe hacerse todo lo posible para paliar las consecuencias económicas de la deriva criminal de Putin. No obstante, en el ámbito energético se abre una disyuntiva que encierra dilemas éticos: dejar de comprar combustibles fósiles a Rusia abruptamente o hacerlo de forma progresiva, como ha propuesto la Comisión Europea, esa es la cuestión que estará estos días sobre la mesa de los líderes de los 27 estados miembros.