Feijoo debe darle una salida a Sánchez

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño A CONTRACORRIENTE

OPINIÓN

Miguel Villar

08 mar 2022 . Actualizado a las 10:45 h.

La transformación que se va a producir en el PP —la que se está produciendo ya, de hecho, antes incluso de que se celebre su congreso extraordinario— trasciende con mucho lo que supondría un cambio de caras en la dirección o un relevo generacional, que en este caso sería la devolución de un legado asumido prematuramente. A sus 60 años, y con sus cuatro mayorías absolutas en la mochila, Feijoo no va a Madrid solo a arreglar el desaguisado provocado por unos chavales que se han metido a experimentar en la cocina del partido, sin tener mucha idea de lo que estaban haciendo, y han terminado por dejarlo todo hecho un desastre. Que también. Si va a abandonar la zona de confort que suponía gobernar una Xunta en la que lleva 13 años quemando líderes de la oposición, para adentrase en la jungla política de Madrid, es porque su misión es ineludible. Y tampoco es apta para cualquiera. 

Consiste nada menos que en convertir un partido que lleva demasiados años dando tumbos —en el Gobierno y en la oposición—, sin un proyecto claro para España, en una fuerza política de Estado, útil para su país tanto si los ciudadanos la colocan a los mandos de la nave como si la sitúan en la oposición. Feijoo no llega solo para garantizar que el PP es una alternativa de futuro, sino para demostrar que España no está abocada ahora mismo a seguir siendo gobernada por algunos de sus peores enemigos. Casado nunca logró erigirse en alternativa. Pero tampoco evidenciar que si Sánchez pactaba con Podemos, con los independentistas y, en general, con todos los detractores del marco político surgido de la Transición, no era porque no tuviera otra opción, sino simplemente porque quería. O porque consideraba que era lo más rentable para él en términos de poder.

Casado se dedicó solo a demonizar a Sánchez, sin dejar el mínimo resquicio a acuerdos de Estado. Acudía cada miércoles al Congreso como si no hubiera más opción que cortar las dos orejas y el rabo. Y por eso la mayoría de las veces salía de allí empitonado. Una estrategia que solo sirvió para unir más a la extravagante alianza Frankenstein. Y, sobre todo, para dar un argumento a Sánchez. El de que no hay ahora mismo otra forma posible de gobernar España.

Feijoo viene a demostrar la falsedad de ese axioma. Mientras no lleguen las elecciones, y en un momento crítico para el país y para el mundo, es necesario ofrecerle a Sánchez una salida de su propio laberinto. Y si la rechaza y opta por seguir gobernado con un partido caótico como Podemos, que avergüenza a Europa con su equidistancia entre un criminal como Putin y la alianza democrática internacional, cavará su tumba política. Con esa especie de abrazo del oso que Feijoo se dispone a dar a Sánchez es como pueden cambiar las cosas en España, de manera que no estemos abocados a quedar siempre en manos de radicales. El pacto político y económico entre los dos grandes partidos españoles debe incluir el compromiso de no gobernar con fuerzas populistas, de derecha o de izquierda, y respetar la regla de que gobierne el más votado.