Una salida honrosa ¿por qué?

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Chema Moya | Efe

24 feb 2022 . Actualizado a las 12:40 h.

Hubo despedidas del Congreso emocionantes para quienes nos dedicamos a observar esto de la política. Recuerdo especialmente dos: la de Felipe González, por el largo tiempo que llevaba gobernando este país, y la de Mariano Rajoy por la forma en que se marchaba, derrotado en una moción de censura. A la de ayer de Pablo Casado le faltó puesta en escena, se nota que no es un buen actor teatral. Si hubiera precedido su abandono de la Cámara con unas palabras de despedida, con una frase dirigida al corazón de los diputados o los ciudadanos, hubiera sido un gran momento de la legislatura. Pero ya he dicho que no es un buen actor ni quiere serlo. Bastante hizo con presentarse allí y dar uno de los titulares del día. Otros, después del castigo recibido de sus compañeros, no habrían comparecido y a algunos de esos compañeros les habrían devuelto el aplauso, porque el día anterior lo habían dejado en una patética soledad y lo habían repudiado con algo parecido al deshonor. 

Ahora, la aspiración del líder borrado de tener una salida honrosa de la presidencia del PP es algo perfectamente comprensible. Señor Núñez Feijoo, hágalo posible. Yo no voy a hacer en estas líneas un cántico a todo lo que he criticado de Pablo Casado a lo largo de tres años. No voy a desdecirme de lo escrito sobre su discurso catastrofista; sobre su inexplicable resistencia a crear un clima de esperanza en su persona y en su partido; sobre su tendencia a hablar más de los defectos del adversario que de las virtudes de su fuerza política; sobre sus apocalípticas descripciones del panorama nacional no siempre basadas en datos reales, o sobre su aislamiento de la sociedad, refugiado, escondido o protegido en un núcleo de aplaudidores incapacitados para ejercer la crítica ante él.

Pero sí necesito decir algo que vale para Casado, para Rajoy, para Zapatero, para Aznar y para cuantos ejercieron una presidencia estatal, regional o municipal: cualquiera que haya sido el resultado de su gestión, han querido servir al país. Unos han triunfado y otros han dejado mala memoria, pero han sido patriotas. Y quienes lograron llegar a esos puestos no ha sido porque les tocó la lotería. Ha sido porque resultaron los mejores cuando se abría un camino del poder. A lo mejor estaban en el lugar adecuado en el momento oportuno, pero tuvieron la inteligencia de saber aprovecharlo. Si hasta los delincuentes más repudiados tienen derecho a la presunción de inocencia cuando se les juzga y a indulgencia cuando se les condena, reconozcamos al servidor público el mérito de haber intentado servir al país, aunque buscase su propia gloria.