El mito de Procusto

Pedro Armas
Pedro Armas A MEDIA VOZ

OPINIÓN

benito ordoñez

09 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Odón Elorza, Cayetana Álvarez de Toledo y otras señorías menos significadas se han saltado la disciplina de partido, sin tener en cuenta el mito de Procusto. Este mito, que trasciende al tiempo y ha sido objeto de diversas disciplinas (psiquiatría, matemática, informática), es un lastre de la política española actual, en todos los partidos, en todas las escalas de la administración.

Procusto, el estirador, hijo de Poseidón, era posadero. Acogía en su posada de la colina a viajeros desnortados. Cuando estos se quedaban dormidos, entraba en su cuarto, les amordazaba y les ataba de pies y manos. Comprobaba si se adaptaban o no a la cama. Al que le sobresalían las piernas o los brazos, se los serraba; al que le quedaban cortos, se los estiraba a martillazos. Después de haber descuartizado a unos cuantos, Teseo, en su última aventura heroica, hizo probar a Procusto su propia medicina.

En ámbitos científicos se denomina «cama de Procusto» a la manipulación de la realidad para ajustarla a una hipótesis previa de interés particular. La cama de Procusto es un símbolo de la uniformidad, la igualación a la baja, el conformismo y la intolerancia de la crítica. Una cama ergonómica se adapta a las personas; en la de Procusto las personas son adaptadas a la cama. En los partidos, o bien uno se adapta a la cama, o acaban haciéndole la cama.