El espejo americano

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

JIM LO SCALZO | Efe

08 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

La democracia norteamericana siempre ha sido admirable. Tiene una Constitución respetada absolutamente por todos. Respetada y conocida, cosa que no podemos asegurar en nuestro país. Dispone de un sistema de control del poder eficaz, como se demostró a lo largo de los últimos dos siglos. Es un régimen tan presidencialista que el inquilino de la Casa Blanca es considerado el político más poderoso del mundo, pero, a pesar de esa apariencia, no puede hacer nada sin el respaldo de las cámaras legislativas. Y el país, en general, disfruta de una seguridad jurídica y de un sistema de libertades notable. Solo desmerece ante las democracias europeas en derechos sociales, con auténticos puntos negros en la cuestión racial, en las prestaciones sanitarias y últimamente en los abusos policiales.

Y de pronto parece que todas las virtudes se resquebrajan. La crispación es incluso superior a la española en sus peores días. La polarización no es que sea intensa; es dramática desde que Trump puso en duda el resultado de las elecciones y un 71 por ciento de sus votantes sigue creyendo que hubo un robo electoral. El nivel de confrontación sigue creciendo un año después de la proclamación de Biden como presidente y fue muy visible en el aniversario del asalto al Capitolio. El ambiente es tan tenso que desde hace semanas se escuchan serias advertencias de peligro de guerra civil.

Como todo lo que ocurre en Estados Unidos tiene repercusión en el resto del mundo, me parece procedente tomar alguna lección. Y sucede lo siguiente: que la política ha entrado en un terreno pantanoso de odio en las palabras, de dominio de la mentira y su explotación en las redes con finalidades políticas, y de extensión contaminante de teorías conspiratorias de fácil arraigo en una sociedad defectuosamente informada. Mézclense estos materiales con una adecuada dosis de agitación, también especialidad del señor Trump, y está servido un cóctel explosivo. No sorprende el miedo de muchos analistas al conflicto civil.