Dos reinas

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

OPINIÓN

CAROLINE BREHMAN

15 nov 2021 . Actualizado a las 09:25 h.

Qué fácil. La chica se ha vuelto loca. Loca de amor, de desamor, de rabia, de felicidad, de impotencia. Pobre, la chiquilla no ha podido con lo que había conseguido y, al final, ha perdido la cabeza. Y puede que se haya rapado el pelo o que vaya arrastrando los pies por los caminos dirigiendo una comitiva fúnebre que se ha vuelto prácticamente eterna. Ah, qué fácil ha sido siempre el discurso: a la pobre le falta un tornillo. Se ha vuelto loca. La que levanta la voz reclamando lo que es suyo y la que no encaja en el lugar que se había previsto para ella.

¿Poderosa? Loca. ¿Triunfadora? Loca. Y si no está loca es demasiado sensible, le afecta la fama, no maneja bien el estrés o se pasa de nerviosa. Así que lo mejor es quitarle lo que es suyo que puede haber un disgusto. La pobre, si no lo es ya, acabará por volverse loca. Y en el siglo XVI le arrancan de las manos su reino, y en el XX la posibilidad de gestionar su propia carrera. Trece años, trece, sin poder decidir siquiera si se tomaba o no una hamburguesa. Trece años soportando el peso de la etiqueta: la chica está loca, no puede gestionar su patrimonio, ni su tratamiento, ni su propio cuerpo ni a quién se lo cuenta. Es mejor que tome las riendas un hombre, porque ellos no son locos. Si eso, vehementes, excéntricos, ambiciosos, genios atormentados, pero no adictos al drama. Han pasado trece años y Britney, la reina del pop, recupera su corona. La que nunca le devolvieron a Juana.