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Baldwin

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

Baldwin en la ceremonia de los premios Emmy en el 2017
Baldwin en la ceremonia de los premios Emmy en el 2017 MIKE BLAKE | Reuters

24 oct 2021 . Actualizado a las 09:57 h.

Las muertes absurdas, por evitables, son las que nos susurran que todo pende de un hilo, que cada día es un paso sobre el hielo. Como la del gallego que falleció al caerle el móvil enchufado en la bañera. O la de la directora de fotografía que perdió la vida al recibir un disparo de la pistola que empuñaba Alec Baldwin en el rodaje de la película Rust. Esta última tragedia ha levantado la alfombra de Hollywood de tal forma que la polvareda de precariedad e irregularidades eclipsa cualquier brillo. Además, el episodio hace que las galerías de la carcoma, una vez más, sigan extendiéndose en las redes. Baldwin es un actor odiado por los trumpistas. El intérprete llegó un día como invitado al programa Saturday Night Live e imitó a Donald Trump en el debate presidencial. El éxito fue tal, que se quedó el papel de forma indefinida. La audiencia del espacio televisivo se disparó. Después el magnate ganó las elecciones y en algunos análisis llegaron a culpar a los guionistas y al propio Baldwin de que, al convertir a Trump en un personaje ridículo, habían contribuido a que la gente dejara de percibirlo como un candidato al triunfo. Ahora, desde el otro extremo, asoman la patita miserables que quieren ajustar cuentas, acusando sin piedad al actor, un hombre que, para más inri, ha mostrado su rechazo al marco legal que permite la proliferación de armas de fuego en Estados Unidos. Hace cuatro años, Baldwin comentaba la noticia de un policía que había matado a una persona en California al dispararle de forma involuntaria. Y lanzaba esta frase en Twitter: «Me pregunto qué se sentirá al matar a alguien por error». Nadie debería saberlo.