Sánchez, peligro a su izquierda

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Juan Manuel Serrano Arce

12 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace aproximadamente diez meses, un alto, muy alto cargo de la Moncloa me hacía esta reflexión: «Habrás notado que la parte de Podemos en el gobierno se ha diluido». Y en ese momento era verdad. Pablo Iglesias estaba todavía en la vicepresidencia, había conflictos en el Consejo de Ministros, pero el papel de Podemos era insignificante. Después ocurrió un hecho fundamental: Pablo Iglesias renunció y designó sucesora a Yolanda Díaz, algo sorprendente porque no es de Podemos, pero está claro que Yolanda había ganado su confianza. La secretaría general de Podemos y un ministerio se entregaron a Ione Belarra, que tardó algún tiempo en encontrar su sitio, hacerse a la idea y resultar influyente.

Todo eso ha cambiado. Ione Belarra cogió confianza, Yolanda se hizo la política más valorada en varias encuestas, y llegaron los Presupuestos y su papel fue decisivo en la orientación de la política y del gasto social. Y el grupo de Unidas Podemos inició una campaña de apropiarse de los avances, haciéndolos suyos hasta el punto de crear malestar en el Partido Socialista. Se llegó a decir: «no estamos dispuestos a ceder a los socios del Gobierno las iniciativas sociales, como si fuesen más de izquierda que nosotros».

Y este fin de semana, la Universidad de Otoño de Podemos (la «Uni de Otoño», decían los carteles) ofreció la oportunidad de expresar sus aspiraciones, como si estuviésemos en campaña electoral. Y agárrense los machos: apareció Pablo Iglesias y reavivó la propuesta de la república con la frivolidad de atacar a Felipe VI achacándole que eligió el mismo nombre que Felipe V, el gran enemigo del autogobierno de Cataluña, como si el rey actual tuviera uso de razón a los siete días de nacer, que fue cuando lo bautizaron. La frivolidad de Iglesias coincide con un sector del PSOE que quiere abrir también el debate de la forma de Estado en el 40º Congreso del partido, sin un Felipe González ni un Rubalcaba que sirvan de freno. El republicanismo se moviliza, aprovechando el viento a favor después de los episodios de don Juan Carlos.