La quiniela de las coaliciones

José Manuel Sáenz Rotko PROFESOR DE RELACIONES INTERNACIONALES. UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS

OPINIÓN

María Pedreda

Cuando los colegios electorales cierren este domingo, los alemanes habrán votado un nuevo Bundestag. En ese momento se conocerá el vencedor de los comicios más abiertos de la reciente historia germana. Pero sea Olaf Scholz quien reclame la cancillería para los socialdemócratas, sea Armin Laschet quien lo haga para la CDU, la incógnita sobre qué gobierno liderará Alemania no quedará resuelta hasta dentro de varios meses.

La única certeza es que el gobierno será tripartito, pues ni los alemanes ni los partidos que habían sustentado la gran coalición quieren repetirla por enésima vez. Por el estricto cordón sanitario a Alternativa para Alemania (AfD), las coaliciones que se tornan posibles son tres. Según un estudio de INWT Statistics, la más probable es un gobierno Jamaica, que aunaría a democristianos, verdes y liberales, seguido por una coalición de izquierdas (SPD, los verdes y la izquierda comunista) y la coalición semáforo, que sumaría verdes y liberales bajo el liderazgo socialdemócrata.

Desde un prisma español, podría pensarse que las diferencias programáticas entre el partido ecologista y los liberales, a uno y otro lado del centro, serán más difíciles de superar que entre Verdes, SPD y la izquierda comunista (Die Linke). Pero, en la lógica política alemana, el único partido de entre los gobernables que por su programa se autoexcluye de lo que podríamos denominar un «centro en sentido amplio» es precisamente el comunista, al poner en duda la pertenencia de Alemania a la OTAN.

A favor de Jamaica juega la afinidad en política económica, y, en menor medida social, entre el FDP y la CDU. Las diferencias de ambos con los verdes en temas de fiscalidad o medioambientales podrían encontrar soluciones pragmáticas. Pero será difícil para el partido ecologista, en especial para sus bases, hacer canciller a Armin Laschet, quien -aparte de ser considerado no apto para ejercer el cargo de canciller por el 67 % del electorado alemán- representa más que cualquier otro candidato el continuismo con las políticas de Merkel, con las que los verdes han prometido romper.

A no ser que la CDU consiga cerrar en los últimos compases de la campaña los tres puntos que la separan del SPD, Scholz posiblemente encabezará un gobierno semáforo. Con verdes y liberales comparte buena parte de la agenda medioambiental y de transformación digital. Hay asimismo convergencia en política educativa y exterior. Y la presión para que el FDP encuentre un acomodo con los verdes es alta. Ansía volver a participar de la responsabilidad gubernamental. Así pues, intentará vender sus escaños a un precio alto, si bien no podrá tensar demasiado la cuerda. No querrá asumir la responsabilidad de que su hipotético rechazo a converger con SPD y ecologistas fuerce un gobierno de izquierdas, en las antípodas de los intereses liberales y de la voluntad de su electorado.