Las preguntas de los niños

Beatriz Pallas ENCADENADOS

OPINIÓN

Paulina y Romeo son dos niños alemanes de 11 años que no podrán decir cuando sean mayores que se han quedado con las ganas de preguntar las cosas a la cara. Estos dos críos, muy bien informados y adiestrados para ser incisivos, se han convertido en las estrellas más aplaudidas de las redes sociales por poner contra las cuerdas a los dos principales aspirantes a canciller con una batería de cuestiones de sentido común, de esas que son tan obvias que hacen que los adultos silben y miren hacia otro lado. ¿Es el presidente ruso un asesino? ¿Por qué hay niños refugiados que mueren en el mar y nadie los rescata? ¿Es cierto que hay políticos que se han lucrado con el negocio de las mascarillas? ¿Por qué ha votado en contra del matrimonio homosexual? La crudeza de las preguntas, que incomodó a los políticos en varias ocasiones, contrastaba con la dulzura del decorado, una carpa de juegos con peluches, bombillas y banderolas de colores.

El escurridizo género de las entrevistas infantiles ya forma parte del pack de los recursos televisivos alternativos diseñados para políticos cada vez que arranca un período electoral. En España lo puso en práctica Ana Rosa Quintana con un grupo de niños a los que Pedro Sánchez engatusó hace años con la promesa de que si llegaba a ser presidente del Gobierno los deberes en España serían más cortos.