Recuerdos

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre MIRADAS DE TINTA

OPINIÓN

ANGEL MANSO

14 sep 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Esos momentos en los que las pestañas se desmayan y dejan ver un recuerdo; esos recuerdos que se pegan al meollo y nos acompañan toda la vida; esos recuerdos son todo nuestro capital. Sin ellos, sin memoria, nuestros límites con el mundo se vuelven borrosos y nos (con)fundimos en él. Dejamos de ser alguien para ser cualquier cosa. Estos días de charla tranquila, conversando con viejos amigos compartes recuerdos de toda una vida que, aunque tapados por la mugre del tiempo, en el encuentro se rescatan, se abrillantan y encienden emociones archivadas.

El recuerdo activa la emoción al igual que la emoción activa el recuerdo. Depende del estado de ánimo en el que brotaran en la conciencia, si tristes y depresivos, los recuerdos serán oscuros, salpicados de pérdidas reales o simbólicas, de fracasos y sentimientos de culpa. Si bien anímica y físicamente, los recuerdos son luminosos, ecos de momentos felices. Pasamos temporadas viviendo bajo un paraguas de nubes negras, amargados y aburridos de recordar las mismas escenas de consternación en sesión continua. Eso pone de muy mal carácter; te vuelve irascible, alejas a la gente y lo pasas aún peor. Las temporadas buenas luce un sol radiante, la vida se vuelve tecnicolor y, lo mejor de todo, no te acuerdas de ninguna de las películas de arte y ensayo que te llovían en el paraguas negro.

La felicidad no tiene recuerdos, cuando somos felices vivimos intensamente en el presente. La melancolía, en cambio, es más prolija en recuerdos porque vive entre el calabozo del pasado y la incertidumbre del futuro haciendo que las almohadas sean incómodas y las noches más largas. Vivir es recordarse al amparo de un buen vino, amigos y muchos recuerdos que nos hacen ser lo que somos.