La ratonera afgana

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

STRINGER

07 sep 2021 . Actualizado a las 08:55 h.

Da la impresión de que se encuentran en un callejón sin salida, pero lo cierto es que nada está escrito y cualquier cosa puede suceder. Los talibanes apenas si han empezado a organizarse o eso parece. Con una tremenda necesidad de congraciarse, tanto con la mayoría de los afganos que les odian y temen como con el resto del mundo, han puesto en funcionamiento el aeropuerto de Kabul del que han despegado dos aviones comerciales con vuelos nacionales. También se ha iniciado cierta actividad bancaria para que haya un poco de liquidez en las calles pero con el límite semanal de 200 dólares. En algunos hospitales han permitido que las doctoras y enfermeras sigan desarrollando su labor pero, eso parece que es todo porque, en realidad, el país sigue paralizado.

Y la culpa la tiene la lucha que el FNR -Frente Nacional de Resistencia- mantiene con los talibanes. Encastillados en el valle del Panjshir, al norte de Kabul, este conglomerado de militares afganos, rebeldes tayikos y otros grupos de oposición a los talibanes, han rechazado las ofertas de negociación e inclusión que estos les han ofrecido y se mantienen firmes pese a haber sido rodeados. De hecho, las últimas noticias afirman que han logrado capturar a 1.500 efectivos talibanes.

La negativa a formar parte del nuevo Gobierno afgano, supone que este no es inclusivo, la condición sine qua non de la comunidad internacional, con EE.UU. a la cabeza para reconocerlo. La falta de reconocimiento supone que los fondos del Banco Central Afgano siguen bloqueados por EE.UU., unos 9.500 millones de dólares más el resto de los recursos económicos en todo el mundo. Y ese dinero es el que se necesita para pagar a los funcionarios que llevan sin cobrar sus nóminas desde mayo.